Discurso preliminar de la Sagrada Biblia (1824): edición anotada del prólogo de Félix Torres Amat



LA SAGRADA BIBLIA

NUEVAMENTE TRADUCIDA DE LA VULGATA1 LATINA AL ESPAÑOL

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Aclarado el sentido de algunos lugares con la luz que dan los testos originales hebréo y griego, é ilustrada con varias notas sacadas de los Santos Padres y Espositores sagrados,

Por Don Félix Torres Amat, Dignidad de Sacrista de la Santa Iglesia de Barcelona2, etc.

De órden del Rey N. S.

Tomo I del Antiguo Testamento, que contiene los libros del Génesis, Éxodo, Levítico y Números.

MADRID: Imprenta de Don León Amarita, Plazuela de Santiago, N.° 1. 1824.

ADVERTENCIA3

Al publicar la version del Nuevo Testamento4 creí que debia procurarme el honor de que llegase á manos de su Santidad5 un egemplar, como tributo ofrecido á la cabeza de la Iglesia. El Excmo. Sr. Nuncio6 del Santo Padre en estos reinos me proporcionó tan apreciable satisfaccion, dirigiendo el egemplar junto con la humilde y respetuosa esposicion que hice á su Santidad. Pero cuando las dolorosas noticias de la enfermedad del Sumo Pontífice me quitaban toda esperanza de poder recibir contestacion, me ha causado muy grata sorpresa la siguiente carta, que de órden de su Santidad me ha escrito su secretario de Estado el Emmo. Sr. Cardenal de la Somaglia7, y es del tenor siguiente:

Illmo. Signore. — Essendo pervenuti alla Santità di Nostro Signore i due volumi della versione da V. S. Illma. eseguita del Nuovo Testamento nell'idioma spagnuolo, le significo che sua Santità ha gradito tale di Lei pensiero e mi ha ordinato di ringraziarla nel suo nome. — La moltiplicità delle cose delle quali attualmente si occupa sua Beatitudine, e la sua non del tutto ripristinata salute, le hanno finora vietato di accingersi a scorrere l'opera indicata. Non dubita però ch'ella in tale lavoro siasi strettamente tenuta ai principii ed alle regole ricevute ed approvate dalla Santa Chiesa. — Con sentimenti di vera stima mi confermo di V. S. Illma. — Roma 28 gennaro 1824. — Affmo. per servirla. — Giu. Cardinal de la Somaglia. — Sr. D. Felice Torres Amat, Sacrista della chiesa di Barcellona. — Madrid.

Traducción al español:

Ilustrísimo Señor. — Habiendo llegado a la Santidad de Nuestro Señor los dos volúmenes de la versión, realizada por V. S. Ilustrísima, del Nuevo Testamento en el idioma español, le comunico que su Santidad ha acogido con agrado tal pensamiento suyo y me ha ordenado agradecerle en su nombre. — La multiplicidad de los asuntos de los que actualmente se ocupa su Beatitud, y su salud no del todo restablecida, le han impedido hasta ahora disponerse a recorrer la obra indicada. No duda, sin embargo, de que usted, en dicho trabajo, se haya mantenido fielmente apegado a los principios y reglas recibidas y aprobadas por la Santa Iglesia. — Con sentimientos de verdadera estima, me confirmo de V. S. Ilustrísima. — Roma, 28 de enero de 1824. — Afectísimo para servirle. — Card. de la Somaglia. — Sr. D. Félix Torres Amat, Sacrista de la iglesia de Barcelona. — Madrid.

Esta dignacion de su Santidad, el ver que ha sido de su agrado la idea ó pensamiento de ofrecer al pueblo español una nueva version de las Santas Escrituras, y el favorable concepto que manifiesta de su nuevo traductor, me ha animado muchísimo á proseguir con toda actividad mi tarea, para que quede pronto concluida la impresion de toda la Biblia. Y al mismo tiempo me ha hecho concebir mayores esperanzas de que auxiliados los lectores con las esplicaciones ó notas que facilitan el entender mejor el sentido, producirá la Palabra Divina en cuantos la lean, ú oigan leer, con viva fé y humildad de corazon, aquellos saludables y prodigiosos efectos que producia y produce aun por todo el mundo, predicada en los idiomas de cada pais por los apóstoles ó enviados del Señor á sembrar tan celestial y fecunda semilla.

Debo tambien manifestar aquí que me ha alentado mucho la contestacion que se han servido darme los Illmos. Sres. Obispos de España; á los cuales creí de mi obligacion el comunicarles mi pensamiento, y remitirles el prospecto de la version, con el fin de que viesen las reglas ó manera con que la habia hecho, y me avisasen lo que su ilustrado zelo por el bien de la Iglesia les dictase por conveniente. Porque de casi todos las he recibido ya en tales términos que me confirman en la importante idea de la utilidad que resultará á los fieles, especialmente en las actuales circunstancias, de publicarse mi nueva version. Y como al pedirles su sagrada bendicion, les suplicaba que se dignasen ilustrarme con sus superiores luces, y advertirme los defectos que hallaren, me parece propio repetir aquí la misma súplica; á pesar de las estraordinarias ocupaciones de cada uno de ellos en la direccion espiritual de sus feligreses y reparacion de los males de sus particulares iglesias. Confio pues poder añadir al fin del último tomo las correcciones y mejoras que se me avisen, y la censura que hayan hecho algunos varones de sólida piedad y de zelo según ciencia, que van leyendo con tan santo fin los tomos que se publican. Con tales y tan poderosos auxilios, y consagrando gustosamente el resto de mi vida en disminuir cuanto me sea posible los defectos de esta version, habré cooperado algun tanto á que los fieles españoles puedan algun dia leer las Divinas Escrituras en estilo sencillo y natural, pero claro, fluido y sentencioso, que ostente de lleno la magestuosa elegancia de nuestro incomparable idioma.

DISCURSO PRELIMINAR

§ I

Escelencia de los Libros Sagrados; é importancia de su lectura y meditacion.

1. Cuanta sea la escelencia de los Libros Sagrados, no hay para qué detenernos en demostrarlo; por ser una verdad bien notoria á todo cristiano, y confesada aun por varios filósofos gentiles ó incrédulos, que los veneraban como modelos de sublimidad en las sentencias, y como un compendio de la mas pura moral (Longinus8, Bouss9. Helvet10.). De esto mismo se infiere cuán provechosa ha de ser su contínua lectura y profunda meditacion. El Señor dijo á su pueblo de Israel, y en él á todos nosotros: «Hable contínuamente tu boca del Libro de esta Ley; y medita de dia y de noche lo que en él se contiene, á fin de que guardes y cumplas todas las cosas en él escritas: con lo cual irás por el recto camino, y procederás sabiamente» (Josué I. 8.). El apóstol S. Pablo11 hace memoria á su discípulo Timoteo12, que desde la niñez habia aprendido las sagradas letras; «las cuales, añade, te pueden instruir para la salvacion, mediante la fe en Jesu-Cristo;» y prosigue: «Toda escritura, inspirada de Dios, es útil para enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir según la justicia; á fin de que el hombre de Dios, ó el cristiano, sea perfecto, y esté apercibido para toda obra buena» (II. Timot. III. 16.). Es la palabra de Dios el libro de la vida, donde halla el que quiere servir al Señor la instruccion que necesita, y con la cual se consuela y alienta (Ibid., et Rom. XV. 4.)13. «La doctrina de Cristo (escribia el mismo á los colosenses) tenga su morada en vosotros con abundancia y con toda sabiduría, enseñándoos, y animándoos unos á otros con salmos, con himnos y con cánticos espirituales» (Coloss. III. 16.).

2. Así es que la Iglesia, por medio de los Concilios y santos Padres, nos encomienda muy encarecidamente este estudio de la Divina palabra; mandando á los sacerdotes que anuncien y espliquen á los pueblos las Sagradas Escrituras, y á estos que las oigan, y las aprendan, y mediten sin cesar, cada uno según su talento, como un medio eficacísimo para promover el esplendor de la religion, la pureza de las costumbres, y el bien espiritual de todos los fieles (Conc. Trid. sess. XXIV. De reformat. c. 4.)14. La lectura de los Libros Sagrados, decia Orígenes15 (Hom. VIII. in Levit.)16, es una armería espiritual, de que usamos para pelear contra las potestades del infierno y del mundo. Es, según el Crisóstomo17 (Hom. II. in Math.)18, el pan del alma, y el sustento del espíritu, y nos sirve de alcázar para defendernos del pecado (Hom. III. de Lázaro.)19: ó de antídoto, en espresion de S. Ambrosio20 (In tit. Ps. 53.)21, contra nuestras pasiones, y de medicina universal para todas nuestras enfermedades y dolencias espirituales. Y el mismo S. Juan Crisóstomo, á los que decian que no entendian lo contenido en los Libros Sagrados, responde con estas notables palabras: «Aunque no entendais los secretos de la Escritura; con todo, la misma simple lectura de ella causa en nosotros una cierta santidad; bien que no puede ser que dejeis de entender algo de lo que leais. Porque á la verdad por esto dispuso la gracia del Espíritu Santo que estas Escrituras fuesen compuestas por publicanos22, pescadores, artífices de tiendas de campaña (Skenopoioi. Esto alude á los oficios ú ocupaciones de S. Pablo y de otros de los escritores sagrados.), pastores, cabreros, idiotas é ignorantes, para que ningun idiota pueda alegar por escusa la dificultad de comprenderlas, y á fin de que todos entiendan fácilmente lo que en ellas se contiene, de modo que el artesano, el sirviente, la viuda, y el hombre mas ignorante saque ganancia y provecho de oirlas.... Si con la contínua leccion no puedes aun entender algun pasage, ve á algun sabio, á algun hombre docto: comunica con él lo que has leido.» Así habla el Santo en su homilía III de Lázaro.

3. Conforme á esta doctrina de la Iglesia vemos trasladados desde su principio en todos los idiomas principales los Libros Sagrados. Por medio de la version griega, que mandó hacer, aunque idólatra, el rey de Egipto Ptolomeo Filadelfo23, dispuso la Divina Providencia que se difundiese por todo el mundo la benéfica luz de las Sagradas Escrituras, que los judíos ó por escrúpulo ó por envidia procuraban ocultar. Esta version, conocida con el nombre de los Setenta Intérpretes, se tiene por legítima en la Iglesia latina, y por aprobada en la griega (Bulla Sixti V. præfixa Ed. LXX. Interp. ann. 1582.)24. Con el imperio romano vino á ser universal la lengua latina; y luego se hicieron en ella innumerables versiones de la Sagrada Escritura; cuya multitud motivó la que trabajó S. Gerónimo, de la cual se hablará despues. Créese que la trasladó tambien este santo Doctor en su lengua materna, que era la dálmata25 (Ep. ad Sophron.)26; S. Juan Crisóstomo la tradujo en la arménica27; Ulfilas, obispo godo, en la gótica28; Juan, obispo de Sevilla, en la arábiga29; Metodio en la eslavónica30 etc. Considerando S. Gerónimo estas diversas traducciones, dijo las siguientes palabras: «Los siros, egipcios, persas, etíopes y otras innumerables naciones tienen la doctrina celestial trasladada en sus lenguas, y por este medio han dejado su barbarie para de veras filosofar.» Y Teodoreto31 decia: «Los libros hebreos han sido no solamente trasladados al griego, mas aun en lengua latina, egipciaca, pérsica, índica, arménica, scítica, sauromática, y, para decirlo de una vez, en todas lenguas: de cuyas traslaciones usan actualmente aquellos pueblos.» Son conocidas, aun fuera de España, varias antiguas versiones castellanas de la Biblia, especialmente la que se llama de Ferrara32, la de Casiodoro de Reina33 , la de Cipriano de Valera34; y es muy notable la catalana ó valenciana, que hizo el Padre D. Bonifacio Ferrer35, prior general de toda la Cartuja, y hermano de S. Vicente36, ayudado de otros varones sabios; obra que temo haberse perdido, como diré mas abajo. De estas y otras versiones castellanas hace ya mencion en la suya el Ilustrísimo Scio37 (Disertacion Preliminar.).

4. De lo dicho se infiere que la Iglesia siempre ha deseado y procurado que los fieles lean y mediten las Santas Escrituras; y que si durante algun tiempo no ha permitido á todos indistintamente su lectura en lengua vulgar, sino que ha dispuesto que fuese necesario el permiso del superior eclesiástico, es porque así lo exigian justas y gravísimas causas. Abusábase de su lectura por la malignidad de los hereges, y la triste situacion en que se hallaba la Iglesia. Los sectarios esparcian sus errores, valiéndose de las versiones de los Libros Santos, que publicaban inficionados de sus venenosas ideas. Llegaba á lo sumo la osadía y el maligno empeño en querer desacreditar la Vulgata latina, venerada de todos los católicos. Una de las perniciosas máximas de los nuevos reformadores, que habian puesto en combustion á casi todos los reinos católicos, y tenian ya revuelta la Francia, dividida entre sí la Alemania, en cisma la Inglaterra, y comenzaban ya á introducir algunas chispas del voraz incendio en nuestra España, era que cada cristiano particular, con la Biblia en la mano, podia ser juez de las controversias de religion; y á este fin imponian á todos los fieles, aun al sencillo artesano, y á la mugercilla de la ínfima plebe, la obligacion de leer la Sagrada Escritura.

5. Para obstruir este funesto manantial de las heregías, el papa Pío IV38, en conformidad á lo acordado por los Padres del concilio39 de Trento40, prohibió en el Índice de libros, en las reglas III y IV41, la indiscreta leccion de las Santas Escrituras; queriendo que se pidiese licencia al Ordinario eclesiástico42 ó al Inquisidor43, que ciertamente la concederian á cuantos conocieran capaces de aprovecharse de tan santa lectura. Es pues notoria falsedad y calumnia el decir que la Iglesia católica prohibia absolutamente las traslaciones de la Biblia en idiomas vulgares; como ya lo demostró el cardenal Belarmino44 contra Kemnicio45 (De Verbo Dei. Lib. II. c. 15.)4647. Mudadas las circunstancias, y habiendo cesado el furor de los hereges, entre los cuales habia ya muchos que apreciaban la version Vulgata latina (Grot. Præf. in annot. ad Vet. Test. — Walton Præm. in Polygl. Et cæt.)48, el sabio pontífice Benedicto XIV49 mandó poner esta adicion á las reglas IV y IX del Índice50, en que se trata de la prohibicion de las versiones de la Biblia en lenguas vulgares: «Que generalmente se conceden semejantes versiones de la Biblia en lengua vulgar, si fueren aprobadas por la Silla apostólica, ó bien se publicaren con anotaciones sacadas de los santos Padres de la Iglesia, ó de intérpretes doctos y católicos.» Posteriormente Pío VI51 espidió el decreto, ó breve, dirigido al Sr. Martini52, despues Arzobispo de Florencia, que traducido al castellano dice de esta manera: «Pío Papa VI á Antonio Martini salud y bendicion apostólica. Amado hijo, es muy loable tu prudencia, con la que en medio de tanta confusion de libros, que osan impugnar la religion católica, y con tanto daño de las almas circulan por las manos de los ignorantes, has querido escitar en gran manera á los fieles á la leccion de las Santas Escrituras, por ser ellas las fuentes que deben estar abiertas para todos, á fin de que puedan sacar de allí la santidad de costumbres y de doctrina, desterrados los errores que en estos calamitosos y desarreglados tiempos tan anchamente se derraman: lo que sábiamente has practicado, dando á luz los Libros Sagrados, puestos en idioma vulgar, acomodándolos á la comun inteligencia de los fieles; habiendo añadido aquellas notas de los santos Padres que has tenido por convenientes para precaver cualquier abuso: en lo que no te has desviado de las reglas de la congregacion del Índice, ni de la constitucion que sobre este punto publicó el inmortal pontífice Benedicto XIV, predecesor nuestro de gloriosa memoria, y al cual nos gloriamos haber tenido por escelente maestro en la erudicion eclesiástica, cuando tuvimos la dicha de estar en su familia. Por lo que te damos los loores que se deben á tu doctrina y singular piedad etc. Dado en S. Pedro de Roma á 17 de marzo de 1778, año IV de nuestro pontificado.» Finalmente, por estas poderosas razones, y habiendo cesado ya del todo las causas que motivaron la prohibicion mencionada, el supremo tribunal de la Inquisicion de España declaró en 20 de diciembre de 1782 que no se entienden prohibidas las versiones de la Biblia en lenguas vulgares, con tal que estén hechas con las condiciones que se espresan en los decretos y declaraciones Pontificias. No queda pues ningun género de duda acerca de los deseos de nuestra madre la Iglesia, de que sus hijos lean y mediten las Santas Escrituras; y pensar ahora lo contrario, sería manifestar poco respeto á las mas terminantes decisiones de los Sumos pontífices.

6. No he juzgado necesario dar aquí una razon estensa de las justas causas, por las cuales quiso la Iglesia, en otro tiempo, que para leer las versiones de la Escritura en lengua vulgar precediese licencia del superior eclesiástico. El Illmo. Scio creyó deber hablar con alguna estension de este punto en la Advertencia que puso en el primer tomo, antes de la Disertacion preliminar, para deducir en seguida que su version podia correr y ser leida sin ningun escrúpulo de conciencia por los fieles; los cuales, acostumbrados á mirar como prohibida dicha lectura, podian ser sorprendidos por algunos hombres, que con un falso zelo de religion y piedad continuaban teniendo por perjudicial la lectura de la Santa Biblia en lengua vulgar. «El pretender que no es lícito al pueblo leerla (decia aquel sabio Prelado) ya no cabe sino en un espíritu caviloso, preocupado, partidario, ó inflexiblemente sistemático; ni puede esto hacerse sin nota de tenacidad en mantener un error etc.» Pero si el Illmo. Scio creyó necesario detenerse en este punto, fué, como advierte allí mismo, por el teson que han mostrado y muestran algunos en desacreditarla (habla de su version) haciendo un tenaz empeño de impedir el bien espiritual que resulta á las almas, leyéndola. Mas esta oposicion que halló entonces el citado traductor, por la novedad de ser la primera que se publicaba para el uso de todos los fieles españoles, se ve ahora felizmente desvanecida: siendo buena prueba de eso las repetidas y copiosas ediciones que se han hecho. Y la buena acogida que ha hallado en el pueblo español la version del Nuevo Testamento que ya publiqué, me hace esperar que no será inútil mi trabajo.

7. ¿Qué remedio pues mas eficaz podemos presentar al pueblo fiel contra la general depravacion de ideas y costumbres que se observa en nuestros dias, que la lectura y meditacion de los Libros Sagrados? Cuando el cristiano vea la sencillez y magestad con que se describe la asombrosa obra de la creacion, y las demas maravillas del poder de Dios, y considere el carácter de verdad que se ve impreso en tan sublime historia, ¿cómo osará despues querer ajustar y medir con los estrechos límites del entendimiento humano los misterios de la fe que Dios nos propone? ¿Será tan insensata su altivez que deje de creer lo que Dios le dice, solo porque no lo entiende, ó se lo figura contrario á su razon? Y por lo que hace á la corrupcion de costumbres, ¿quién no observa que es efecto en gran parte de la lectura de tantos libros impíos y obscenos como andan en manos de la juventud, incautamente arrastrada del estilo florido y encantador, y de las sales ó mordaces chistes con que están escritos? No podemos los ministros del Señor presentar al pueblo cristiano antídoto mas seguro, ni preservativo mejor que la lectura de unos Libros, que, aun mirados á la luz de la razon natural, esceden incomparablemente á todos los demas, á juicio de sus mismos enemigos, en la sublimidad del estilo, en la grandeza é importancia de lo que refieren, en la pureza de sus máximas morales, y en los caractéres de veracidad y de exactitud.

8. Cuando el piadoso Esdras53 quiso purificar á los Israelitas de los vicios contraidos por el trato con los Babilonios54 durante la cautividad, y restaurar la religion casi del todo arruinada, mandó reunir al pueblo, y le leyó siete dias seguidos el Libro de la Ley, ó la Sagrada Escritura; con lo cual se movieron todos á penitencia, reformaron sus estragadas costumbres, y quedó la verdadera religion restituida á su primitiva observancia y esplendor. En muy semejante situacion se halla en el dia el pueblo fiel de nuestra España; y por lo mismo ahora mas que antes conviene aficionarle á la leccion de las Santas Escrituras. Es verdad que hay en ellas muchos pasages difíciles de entender; y que ha habido, y hay entre nosotros algunos espíritus soberbios y presuntuosos, que vacíos de la sólida y verdadera sabiduría, y llenos de aquella vana ciencia que hincha y envanece, abusan de semejante obscuridad. Mas tambien los habia en tiempo de los Santos Padres, y no obstante aconsejaban estos á todos los cristianos en general la lectura y meditacion de las Sagradas Escrituras. Porque el peligro de algunos no es bastante para privar á otros infinitos, en quienes no le hay, de tan grande utilidad y beneficio; al modo que nadie pensó que debian privarse á los hombres los alimentos mas comunes, solamente porque hay quien abusa y recibe daño de ellos. Y por lo que toca á la dificultad, que tanto ponderan algunos, de entender los Libros Sagrados, óigase lo que decia S. Gregorio el Grande55, escribiendo á nuestro esclarecido y santísimo prelado, el español S. Leandro56: «La Palabra Divina, la cual está llena de misterios para ejercitar á los entendimientos mas elevados, contiene tambien verdades muy claras, propias para nutrir á los sencillos y menos ilustrados. Es semejante á un río, cuyo cauce (ensanchándose) fuese en algunas partes tan poco profundo, que pudiese pasarle un corderito; y tan hondo en otras, que pudiese nadar un elefante» (Epist. præfixæ Lib. Moral. sup. Job. c. 4. tom. 1.°, ed. Venet. 1768.)57

§ II

Sobre la Vulgata latina, y auxilios con que se ha hecho esta version castellana de la misma.

9. De la Iglesia recibimos las Sagradas Escrituras, habiéndonos señalado ella las que lo son; y es evidente que sin esta regla infalible no podríamos distinguir lo que dice Dios de lo que dicen los hombres: á no ser que diésemos en el delirio de los que afirman que Dios debe revelarlo á cada hombre en particular. Según las reglas de estos incrédulos, siendo el misterio de la Resurreccion de Jesu-Cristo el fundamento de toda la Religion, Jesu-Cristo deberia resucitar á la vista de cada hombre que nace al mundo. A tales extravagancias conduce la necia altivez del que no quiere creer á la Iglesia. Presumirán sin duda de un talento mayor que el elevado entendimiento del gran Padre S. Agustín58., el cual decia: Ni al Evangelio le creería yo, si no me moviera á ello la autoridad de la Iglesia; porque ella, que es la columna de la verdad, nos asegura ser tal escrito verdaderamente palabra de Dios. La Iglesia, pues, que nos señala cuáles son los libros dictados por Dios, es la que nos ha de fijar tambien su verdadera inteligencia, especialmente en los lugares obscuros ó difíciles; y por consiguiente solamente á ella pertenece declarar si las traslaciones son ó no conformes al original. La innumerable multitud de versiones latinas de la Sagrada Escritura, que habia ya en tiempo de S. Gerónimo, y las muchas variaciones que se observaban en los códices, movieron al santo Doctor á trabajar otra, á instancia de nuestro insigne español el Papa S. Dámaso59, valiéndose del testo hebréo para el Antiguo Testamento, y del griego para el Nuevo. Esta version, conocida con el nombre de Nueva, fué luego muy estimada en la Iglesia latina; y ya por los años de 394, á instancias de Lucenio, Obispo de la Bética60, pasaron de España á Belén seis notarios ó escribientes para sacar de ella una copia exacta (S. Hier. De Scrip. Eccl.)61. De la nueva version de S. Gerónimo, y de otra que usaba anteriormente la Iglesia, llamada Itala por S. Agustín, Comun por S. Gerónimo, Antigua por S. Gregorio, y Vulgata por Orosio,62 63resultó despues de dos ó tres siglos la tercera version; la cual se apropió luego el nombre de Vulgata, por ser la que mas se divulgó ó usó entre los fieles. Y así esta Vulgata ni es la version de S. Gerónimo, ni la Vulgata antigua; aunque hay muchos libros según aquella, y otros según esta.

10. El santo concilio de Trento, viendo la multitud y diversidad de versiones latinas que corrian, creyó que era necesario el que hubiese una aprobada y reconocida como auténtica por la Iglesia. Y tal fué declarada la nueva Vulgata, en el año 1546, en la sesion IV, canon 264, en que manda el Concilio que se venere como auténtica en las lecciones públicas, en las disputas, en los sermones y en las esplicaciones de teología; prohibiendo que nadie ose desecharla bajo pretesto alguno. Pero debe tenerse presente que el santo Concilio jamas pensó estender esta autenticidad hasta las partículas, puntuacion etc.; de suerte que no dejase lugar á ninguna correccion por pequeña que sea. Porque despues del decreto se corrigieron algunos defectillos en la edicion de Sixto V65, y aun despues en la de Clemente VIII66, que se hizo en 1593; en la cual quedan todavía ciertos lugares, que á juicio de varios sabios católicos (Véase Lucas Burg. — Belarm. etc.)67 y del mismo Pontífice podrian enmendarse: defectos todos de poco momento, y que en nada perjudican al decreto en que el santo Concilio declaró como auténtica la Vulgata, en lo que pertenece á la fe y buenas costumbres: pro authentica habenda in his quæ ad fidem et mores pertinent (Pro authentica, esto es, en lugar de auténtica.)68. Por esto debe moderarse y corregirse el zelo indiscreto y poco ilustrado, con que algunos quisieran definir que ni el mas mínimo ápice de esta version latina de la Sagrada Escritura puede mudarse: zelo que da ocasion á los protestantes para calumniar á la Iglesia romana, de quien falsamente dicen, que despreciando las fuentes de la Palabra Divina, ó los testos originales dictados por Dios, se contenta con beber en las turbias corrientes de las versiones. «No se habló en el Concilio (dice, muy á propósito, el Illmo. Scio), no se habló de los testos originales hebréo y griego; los cuales quedaron con su autenticidad intrínseca (ni á la verdad necesitaban que se les diese, teniéndola esencialmente): como afirman los sabios teólogos españoles del mismo Concilio Vega y Salmeron (And. Vega lib. XV. c. 9. Salm. Prol. III.)69, aunque los protestantes esparcieron voces en contrario. Solo se trató en el Concilio de las versiones latinas, cuyo número se multiplicaba de dia en dia sin término; y se decidió prudentísimamente que de todas ellas la Vulgata era la sola edicion que la Iglesia reconocia por auténtica: que ella era regla infalible de la fe, y que no contenia cosa alguna contraria á la misma fe y buenas costumbres, y que por tanto se le debia dar entera creencia» (Bellarm. De Verbo Dei. lib. II. c. 2.)70. Esta version latina, que por ser mas conforme al original, prefirió á las otras el santo Concilio, es la que intentamos trasladar á nuestra lengua, siguiendo el camino que abrieron los padres españoles del siglo XVI, maestros que fueron tambien de nuestro incomparable idioma.

11. Es fácil observar que en las preciosas obras de nuestros sabios y piadosos escritores de aquel siglo, que con tanta razon se llama siglo de oro de nuestra España, se hallan traducidos al castellano grandísimo número de pasages de la Sagrada Escritura. Con la idea, pues, de formar una version castellana de la Biblia, que fuese casi toda obra de aquellos varones eminentes en sólida virtud y profunda sabiduría, fuí recogiendo muchos años hace en pequeñas cédulas los versos que iba hallando traducidos. Recorrí todas las obras de los tres elocuentes Padres Luises, Granada, Leon, y Puente, las de los dos Alonsos, Rodríguez y Orozco, las de santa Teresa, S. Juan de la Cruz, Estella, Rivadeneyra, Márquez, Malon de Chaide, Cáceres, el maestro Fr. Juan de Soto y otros, hallé trasladadas casi las dos terceras partes de la Biblia71. Pero luego advertí que no podria llevar cumplidamente al cabo mi designio, ya por ser algo parafrástica la version de algunos testos, ya tambien por el uso de ciertas voces y frases, que ahora, variados los tiempos, parecerian ó demasiado familiares, ó bajas, ó á lo menos confusas por desusadas, ó á las cuales ha substituido el uso otras mas sonoras y dulces. Omitiendo varios ejemplos, véase cómo traduce el venerable Granada72 las voces latinas hircus, cornu, pelvis, renes etc. No obstante, me ha servido muchísimo esta coleccion de testos de la Escritura traducidos; pues sobre ser la mayor parte de ellos conformes á la letra de la Vulgata, aun en los restantes que tienen algo de paráfrasis, he hallado grandes auxilios para formar la traduccion literal: en la cual me ha parecido que podian quedar algunas palabras ó modismos anticuados, que dan cierto aire de dignidad, y parecen propios en escritos antiguos como la Biblia. Así lo ha practicado el dominico P. Fr. Diego Fernandez, en la Traduccion literal del Salterio al idioma castellano, compuesta principalmente con los versos que tradujo en sus obras el venerable Luis de Granada73, é impresa en Segovia en 1801. Para suplir la parte de la version castellana de la Escritura, que no se halla en las obras de los sabios españoles mencionados, me he valido mucho de las versiones anteriores á la del Illmo. Scio, que ya consultó muy particularmente este juicioso traductor; cuyo trabajo en el cotejo é ilustracion de varios pasages, y sobre todo la erudicion de sus notas, han allanado notablemente el sendero para que con el tiempo llegue á tener España la mejor traduccion de la Sagrada Escritura. Digo la mejor, porque es bien conocida de los sabios la admirable semejanza de nuestra lengua con las orientales hebréa y griega en muchas frases y modismos.

12. Ademas de las versiones antiguas castellanas, de que hace mérito el Illmo. Scio, he tenido presente la que hizo del Pentateuco Yosseph Franco Serrano74, impresa en Amsterdam, en casa de Mossech Dias75, año de 5455 (esto es, 1695); y la de los libros de Josué, Jueces, y Reyes, que en 1722 publicó Isaac de Acosta76, impresa en Leyden, en casa de Thomás Van-Gelel77. «El traductor de la Biblia llamada de Ferrara (dice Acosta) demasiado de exacto, tradujo tan en rigor á la letra, que ademas del escabroso estilo, que causa la improporcion de algunos adverbios y términos de una lengua con otra, escurece de tal modo el sentido en algunas partes, que, ó no puede entenderse la oracion, ó se entiende muy diferente.» Así Acosta como Serrano traducen ya con mas claridad, acomodándose al genio de la lengua española, que conocian muy bien. Tambien me ha servido, como de modelo de buena traduccion, el precioso fragmento de la version castellana de una pequeña parte de la Sagrada Escritura, obra del siglo XVI, de autor desconocido, que se conserva entre los manuscritos de la Biblioteca Real, hecha con la fluidez que manifiestan estos versos que copio aquí como por muestra.

III. REGUM. — CAPUT. VII.

V. 12. Et atrium majus rotundum trium ordinum de lapidibus sectis, et unius ordinis de dolata cedro: necnon et in atrio domus Domini interiori, et in porticu domus.

13 Misit quoque rex Salomon, et tulit Hiram de Tyro,

14 filium mulieris viduæ de tribu Nephthali, patre Tyrio, artificem ærarium, et plenum sapientiâ, et intelligentiâ, et doctrinâ ad faciendum omne opus ex ære. Qui cum venisset ad regem Salomonem, fecit omne opus ejus. Etc.

2 Hizo el atrio mayor todo al rededor de tres órdenes de columnas pulidas, y cada uno de los techos era de cedro bien labrado. Lo mismo hizo en el atrio interior, donde estaba la casa de Dios, y en el pórtico de la misma casa.

13 Envió pues el Rey Salomon á Tiro por Hiram,

14 hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre era de Tiro: este era latonero, lleno de sabiduría, inteligencia y doctrina para hacer cualquier obra de metal. El cual vino llamado de Salomon y le hizo toda la obra. Etc.

EZECHIELIS. — CAPUT XL.

V. 1. In vigesimo quinto anno transmigrationis nostræ, in exordio anni, decima mensis, quartodecimo anno postquam percussa est civitas: in ipsa hac die facta est super me manus Domini, et adduxit me illuc.

2 In visionibus Dei adduxit me in terram Israel, et dimisit me super montem excelsum nimis: super quem erat quasi ædificium civitatis vergentis ad Austrum.

3 Et introduxit me illuc: Et ecce vir, cujus erat species quasi species æris, et funiculus lineus in manu ejus, et calamus mensuræ in manu ejus: stabat autem in porta.

4 Et locutus est ad me idem vir: Fili hominis, vide oculis tuis, et auribus tuis audi, et pone cor tuum in omnia, quæ ego ostendam tibi. Etc.

1 En el año 25 de nuestra transmigracion, al principio del año, en el dia décimo del mes, en el año 14 despues de la desolacion de la ciudad, en este mesmo dia me envistió un espíritu profético, y me llevó allí.

2 Con una grande vision me llevó á la tierra de Israel, y me puso sobre un monte alto, sobre el cual estaba un edificio como de ciudad, á la banda del Mediodia.

3 Hízome entrar en él, y vi delante de mí un varon que resplandecia como metal encendido, y tenia en la mano una cuerda de lino, y una caña de medir. Y estaba en la puerta.

4 Y díjome: Hijo de Adam, abre tus ojos y mira, abre tus oidos y oye, y pára mientes á todo lo que te mostraré. Etc.

CAPUT XLI.

V. 1. Et introduxit me in templum, et mensus est frontes, sex cubitos latitudinis hinc, et sex cubitos inde, latitudinem tabernaculi.

1 Y hízome entrar en el templo, y midió los postigos, que tenian de grueso seis codos el uno, y seis el otro, cuanto era ancho el umbral.

6 Latera autem, latus ad latus, bis triginta tria: et erant eminentia, quæ ingrederentur per parietem domus, in lateribus per circuitum, ut continerent: et non attingerent parietem templi.

6 Y las pilastras de ambos órdenes eran treinta en tres lados; y habia unas gradas que entraban la pared adentro entre las pilastras de alrededor sobre que posasen las vigas, y no cargasen la pared del templo.

7 Et platea erat in rotundum, ascendens sursum per cochleam, et in cœnaculum templi deferebat per gyrum: idcircò latius erat templum in superioribus: Et sic de inferioribus ascendebatur ad superiora in medium. Etc.

7 Y eran las piezas mas anchas cuanto mas altas: á las cuales se subia por un caracol volteando alrededor de las bajas á las altas por las del medio. Etc.

Por este método se traducia en el siglo XVI; y si se hallase trasladada al castellano la Biblia por tan hábil mano, poco nos quedaria que hacer.

13. He consultado tambien la traduccion castellana de los libros de los Reyes y de los Macabéos, hecha por D. Ignacio Guerea78; la de los Evangelios por el P. Petite 79; la paráfrasis de las Epístolas de S. Pablo por Jiménez80; la de los Sapienciales por el Jesuita Sánchez81, y varios fragmentos ó pasages de los Libros Santos, traducidos por otros. No he podido encontrar la version lemosina, catalana ó valenciana, que hizo Miser Bonifaci Ferrer82, doctor en derechos y en teología, é Don de tota la Cartoxa, prior de la de Portaceli y hermano de S. Vicente, ayudado de otros varones de singular ciencia. Fué impresa despues en Valencia en 1478, corregida per lo reverend mestre Borrell83, del orde de pricadors é inquisidor en regne de Valencia. Conservábase la última hoja en dicha cartuja de Portaceli84; pero de resultas de la irrupcion de las tropas francesas en 180885 se ha perdido. Cipriano de Valera habla en el prólogo de su version de una Biblia valenciana, á cuya formacion supone que asistió S. Vicente Ferrer86. En los preciosos manuscritos del Padre Caresmar87 se lee en una nota que el Sr. Marca, Arzobispo de París88 se llevó de Barcelona, cuando estuvo allí de Virey ó Comisario regio, una Biblia catalana, del siglo XII; y que este rarísimo manuscrito está hoy en la Biblioteca Real de París89 en 3 vol. fol., cod. 9831. El que con el título de Biblia catalana se conserva en la catedral de Sevilla, y del cual me envió una muestra mi tio D. Francisco Amat, Arcediano de Jerez en la misma, no es version de la Biblia; sino á manera de un compendio y paráfrasis de parte de ella. El códice90 comienza (con letra de vermellon) del modo siguiente: En nom de Deu comenza la Biblia rimada en romans. Sigue despues una especie de prólogo; y acabado este se lee: De la creació del mon etc. Dels somnis de Jacob, pág. X, «Jacob ac XII fiyls valens — Que tots eren abeí presents — Que aymaba de gran amor — E donava à Deu lausor — Oyas sobre tots Josep ama etc.» Basta esta muestra para que se vea lo que es el manuscrito de la santa iglesia de Sevilla, llamado por algunos Biblia catalana; el cual existe en el est. E, tab. 130, n.° 15. Tal vez será semejante á este el que se conserva en París en la Biblioteca Colbertina, cod. 3821, en 4.°, con el título de Biblia catalana, historiis illustrata, citado por Le-Long, Biblioth. Sac., cap. IV, art. 4.

Solamente he logrado ver un fragmento de la version catalana literal de la Biblia, en un pliego grande de fina vitela91, que se halló por cubiertas de un proceso de la Inquisicion de Barcelona, del año 1520 (Queda depositado entre los manuscritos de la Biblioteca y Museo catalan, que con la proteccion y auxilios de mi venerado prelado, el Illmo. Sr. D. Pablo Sichar92, comenzó á formarse en una pieza de su Biblioteca pública episcopal de Barcelona, en 1818; de cuyo fragmento, y de las noticias que sobre dicha Biblia tenia el erudito inquisidor D. Nicolás Laso93, tengo apuntadas algunas especies en las Memorias, que años hace voy recogiendo para un Diccionario de escritores catalanes; y que comenzó y dejó muy adelantadas mi laborioso difunto hermano D. Ignacio94, Dean95 de la santa iglesia de Gerona.). Para muestra de dicha version bastará poner aquí los versos siguientes del Evangelio de S. Lucas, c. II, v. 19: «E Maria conservaba totes aquestes paraules conferintles en son cor, è tornarensen los pastors glorificants et loants Deu en totes les coses que havien oides axí com fon dit à aquells. E apres que foren acabats los VIII dies que fon circoncis lo fadrí fon appellat lo nom de ell Jesús. Lo qual fon appellat per lo angel abans que en lo ventre fos concebut. E après que foren complits los dies de la purificació de Maria segons la lley de Moises etc.» — De S. Marcos, c. XV, v. 15: «E Pilat responc à ells è dix: Voleu que lexe à vosaltres lo Rey del jueus? Car sabia com per enveia haguessen lliurat los soberans sacerdots à ell. E los bisbes somogueren la turba que dexas à ells mes Baraban. E Pilat altre vegada responent dix à aquells: Que doncs voleu lassa al Rey dels jueus? E aquells altre vegada etc.»

En la Biblioteca Real de Madrid se conserva un manuscrito con este título: Psalteri trelladat de lati en romans per lo reverent mestre Corella96 Hé aquí una muestra:

Ps. I. Benaventurat es lome qui no es anat en lo consell dels infels, è no es stat en la via dels pecadors, ni en la cadira de pestilencia no ha segut. Etc.

Ps. II. Perquè semblants à feres se enfelloniren los gentils, è los pobles judaycs pensaren coses vanes. Etc.

Al fin se lee: Axi feneix lo Psalteri aromansat per lo reverent mestre Johan Roye de Corella, mestre en sacra teologia. Corregit é feelment smenat per Johan Ferrando de Gulvara Preveré97. Empremptat en Venecia per mestre Johan Herterog98, tudesch, à XXX dies de abril any de la Nativitat de nostre Senyor Deu Jesu-Crist Mil é CCCCLXXXX.

14. La version Vulgata es la que he seguido constantemente. Mas como el santo Concilio no intentó derogar en nada al respeto que se debe á los testos originales hebréo y griego, y habiendo observado que los Padres españoles del siglo XVI los tuvieron muy presentes al dar la version castellana de algunos pasages de la Escritura (véase el V. Granada), creí que despues de leido el testo en la Vulgata, debia confrontarle lo primero de todo con el original hebréo ó griego, cuyas voces, examinadas con diligencia y escrupulosidad, aclaran algunos pasages de la Vulgata, los cuales S. Gerónimo ya dice que no pudo espresar mejor por falta de frase ó voz latina correspondiente á la hebréa ó griega. Así este santo Doctor, como S. Hilario, S. Ambrosio, y otros confiesan que muchas veces, es pobre la lengua latina para dar plenamente el sentido de las palabras griegas. Este detenido exámen de las voces hebréas y griegas, que han hecho algunos traductores modernos franceses é italianos, les ha servido mucho para mejorar las versiones de la Biblia. Trabajo obscuro, dice el sabio Arzobispo Martini (Prefazione generale.), y, por no decir otra cosa, poco agradable; pero trabajo que es necesario para lograr el entender plenamente el verdadero sentido de la Vulgata misma, y fijar una exacta traduccion.... Diré no obstante que el solo empeño de seguir palabra por palabra el original, conforme, y no sin poderosísimas razones, se ha hecho en la Vulgata, no podia dejar de producir gran número de obscuridades y anfibologías99", que se deshacen fácilmente con solo cotejar el testo griego. Y añade el mismo traductor: «Si en algunos lugares (y estos serán rarísimos) he creido indispensable atenerme al testo griego, espero que se me perdonará en atencion á la evidencia de los motivos que á ello me han inducido; y tanto mas, cuanto se verá que estos se apoyan en la autoridad de los Padres de la Iglesia latina, que han seguido la misma leccion; de donde puede colegirse que tal vez proviene de la sola culpa de los amanuenses, el que hoy dia se lea diferentemente.» Aunque por esta razon he consultado muchas veces la apreciable version de Carrieres, y las de Sací y de otros; con todo, el general aplauso con que se lee en Italia y fuera de ella la version del Illmo. Sr. Martini; el honorífico breve que le dirigió Pío VI; y las repetidas pruebas que da de su veneracion á la Vulgata, me la hicieron tomar por modelo para no traspasar los justos límites de un fiel traductor de los Libros sagrados. Y como tengo observado que aun en las notas, con que aclara los lugares obscuros, está bien distante de todo espíritu de partido, lo que no sucede en algunas otras versiones, y que casi siempre las pone tomadas á la letra de varios santos Padres ó espositores católicos los mas acreditados, como he advertido que hace tambien muchas veces el Illmo. Scio, he trasladado literalmente algunas de ellas en varios lugares de mi version.

15. Tambien he tenido presente, y me ha servido no poco en algunos libros de la Escritura la version castellana anónima que en 1807 se presentó al Sr. D. Carlos IV, creida por algunos obra del sabio jesuita P. Petisco. Aunque examinada por una junta de teólogos, que nombró el que era entonces Patriarca é Inquisidor general, se acordó unánimemente é hízose presente á S. M. que no podia imprimirse, y se dió una muestra de los muchos defectos sustanciales que tenia; con todo se me entregó despues por órden de nuestro actual Soberano para que me aprovechase de algunos pasages que se notaban bien traducidos. Así como ya antes mandó el Sr. D. Carlos IV franquear al Padre Scio varias versiones manuscritas de la Biblia: el mismo auxilio se dignó S. M. facilitarme á mí. En dicha version manuscrita observé luego algunos versos, traducidos según se leen en varios tratados de piedad, y otros en que coincide con la traduccion italiana del Illmo. Sr. Martini. Y por lo mismo que mi version es casi hija de las obras de los escritores piadosos del siglo XVI, me ha servido mucho la confrontacion con aquella. Pero luego observé, con mucho sentimiento mio, que nada podia aprovecharme en la parte mas difícil y obscura de la Biblia, que es la que contiene los Profetas, por hallarse traducidos de un modo que no conviene con las reglas que me habia prefijado, y espuse en el prólogo al Nuevo Testamento. No hablo de la manera de traducir aquellas espresiones comunes y de clara inteligencia que se hallan en cada capítulo de la Escritura, y que todos traducen del mismo modo. Por egemplo, ninguna dificultad ofrece la version al castellano de las palabras Locutusque est Dominus ad Moysen; y de otras semejantes. Todas las versiones, aun francesas, italianas etc., convienen en esto con las españolas, y en todas las españolas se usan las mismas voces. La dificultad, y por consiguiente la habilidad del traductor, consiste en traducir bien aquellas frases ó palabras que son difíciles de esplicar exactamente en otra lengua, ó por falta de términos propios, ó por ser violenta y agena de nuestro idioma una espresion que es muy elegante y enérgica en el original que se traduce. Creí luego que el tal manuscrito anónimo no era obra del Padre Petisco, no solo porque tambien juzgaron que no lo era todos los censores de él, en atencion á los graves defectos que tiene, y que de ningun modo pueden atribuirse á un varon tan sabio, y tan acreditado humanista; sino principalmente por haberlo oido de su misma boca uno de sus mas dignos y aventajados discípulos, cuando á fines del siglo pasado volvió de Italia aquel respetable anciano. Contándole éste sus ocupaciones literarias, durante tan larga ausencia, dijo: «Últimamente habia comenzado á corregir una version de la Biblia, á cuya formacion se habian dedicado algunos de nuestros jóvenes, y que deseaban se publicára en mi nombre; pero luego ví que no tenia ni el tiempo ni las fuerzas que se necesitaban, y así se quedó.» Ojalá que un varon tan justamente célebre por las ediciones de autores griegos y latinos que enriqueció con sus eruditas y oportunísimas notas, nos hubiese dado una version de las Santas Escrituras. Seguramente despues de los apreciables trabajos que nos ha dejado el Ilustrísimo Scio, y los que hubiera hecho el sabio Padre Petisco, nada nos quedaria que desear en esta interesante materia, sino algunas mejoras de que casi siempre será susceptible una obra tan difícil y delicada, como es toda version de la Biblia en lengua vulgar.

16. Estas mejoras son las que me propuse hacer en la que ahora se publica. Las mas de ellas están tomadas de las obras de nuestros piadosos españoles del siglo XVI, de las Biblias manuscritas de las bibliotecas Reales de Madrid y del Escorial100, y de las otras versiones que he examinado, meditando muchas veces horas enteras sobre una sola palabra, y variándola, y mudando la construccion y giro de la frase, según me ha parecido conveniente para espresar en tal cual buen castellano el sentido literal de las palabras del autor sagrado. Y de todo lo dicho resulta que las mejoras que puedo haber hecho deben atribuirse á otros de mas luces que yo; y únicamente serán mios los muchos defectos en que habré incurrido. Pero no obstante daré por bien empleado mi trabajo, y me tendré por dichoso, si despues que otros varones eminentes en sabiduría, y de grande ingenio, abrieron á fuerza de su incansable laboriosidad el deseado, pero escabroso camino para llegar á tener una buena version castellana de las sagradas Escrituras, si habiendo logrado ellos felizmente hacerle ya transitable, despejándole de peñascos, y llenando profundas hondonadas hasta igualar el piso; me tendré, repito, por feliz aunque solamente haya conseguido con mis débiles fuerzas limpiarle de alguna que otra piedra ó maleza, escitando á otros á que vayan haciendo lo mismo en una obra que tanto interesa á todo el pueblo cristiano.

§ III

Sobre el método de traducir que se ha seguido en esta version.

17. No juzgo necesario hablar aquí de la preferencia de las versiones literales de la Biblia sobre las parafrásticas101, para uso del comun de los fieles; punto que trata difusamente el Illmo. Scio en las Disertaciones preliminares. Aunque no niego la utilidad á las paráfrasis bien hechas, no solo prefiero la version literal, sino que doy por sentado que la traslacion de las Sagradas Escrituras debe hacerse con menos libertad que la de los demas libros. «En estos, dice S. Gerónimo (Ad Pammach. De opt. gen. interp. Ep. 101. c. 2.)102, basta atender al sentido; mas en las Escrituras se necesita atender á las mismas palabras.» Pero el idioma hebréo, como es tan lacónico y escaso de voces al mismo tiempo que muy enérgico y espresivo, en una sola comprende muchas veces diferentes significaciones; y ya previno el Santo que no podia espresarlas todas con la única palabra latina que ponia. Por otra parte la Iglesia nos enseña que la Escritura puede tener varios sentidos literales, todos canónicos y de autoridad Divina. Omitiendo otros egemplos, en el capítulo XII, v. 9, de S. Mateo, traduce la Vulgata, conforme con los Setenta, non clamavit; lugar que en Isaias c. XXII, v. 2, se habia traducido non accipiet personam. En Oseas al c. XIII, v. 14: Ero mors tua, ô mors; y S. Pablo dijo: Ubi est, mors, victoria tua? Génesis capít. XLVII, v. 31, se traduce en la Vulgata: Adoravit Israel Dominum, conversus ad lectuli caput, version de S. Gerónimo, que admite la Iglesia; no obstante que S. Pablo lo interpreta de esta otra manera, Hebr. II, v. 21: Adoravit Israel fastigium virgæ ejus. Y lo que es mas, el mismo autor de la Vulgata traduce en el cap. VI, v. 11 de S. Mateo: panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie; y despues al c. XI, v. 3 de S. Lucas: panem nostrum quotidianum; y ambas interpretaciones de la palabra griega epiousion son admitidas como legítimas y canónicas por la Iglesia. De donde se infiere con evidencia que puede muchas veces traducirse de diversas maneras una misma palabra ó espresion de la Sagrada Escritura, y ser siempre la version literal. «Propio es esto, como dicen Wouters y el Illmo. Scio (Véase Scio, Disc. Prel.), de la fecundidad del sentido literal, intentado por el Espíritu Santo; y tal vez por esta razon quiso Dios que casi todos los libros de la Sagrada Escritura fuesen escritos en lengua hebréa, que por tener letras sin puntos ó vocales, pudiese producir diversos sentidos buenos y verdaderos, é intentados por Dios.»

18. ¿Pero qué es lo que deberá entenderse por version literal de la Escritura? Juzgo del caso detenerme algo en fijar aquí la verdadera idea de esta espresion. Por traduccion literal entendemos todos el trasladar á una lengua lo que está escrito en otra, sin añadir ni quitar nada á la idea que el autor quiso espresar. Pero hay version literal y gramatical, que es esclava de la letra, y la hay libre ó racional. Aquella es las mas veces infiel; porque no siempre las voces y frases de la lengua original tienen una rigorosa correspondencia con las de la lengua del traductor. Al contrario, la traduccion que no es esclava de la letra material del testo, es mas proporcionada para espresar el sentido del autor: porque sin atender al número de las palabras, toma todas aquellas que juzga precisas para dar con claridad el verdadero sentido de la oracion. El que, por egemplo, quiere traducir ciñéndose á la letra estas palabras del Deuteronomio en el cap. XIII, v. 15: Statim percuties habitatores urbis illius in ore gladii, dice: Inmediatamente herirás á boca de espada etc. Pero traduciendo libremente dirá: pasarás á cuchillo, ó al filo de espada etc. Lo mismo al cap. XIV, v. 1: Nec faciatis calvitium super mortuo: el que dice: No os hagais calva sobre el muerto, traduce muy confusamente, y nadie le entenderá. En otras ocasiones la traduccion gramatical no solo obscurece el sentido literal, sino que le hace desaparecer del todo; como, por egemplo, cuando la metáfora usada en la lengua original no tiene cabida en el idioma á que se traslada la sentencia. Así sucederia si alguno para traducir literalmente: I bonis avibus, dijere: Véte con buenas aves. La misma variacion de frase es precisa en el verso 29 del cap. XXXIV del Éxodo: Et ignorabat quod cornuta esset facies sua, ex consortio sermonis Domini; cuya traduccion verdadera es: Y no sabia que su cara fuese radiante (ó que despidiese rayos de luz, ó que hubiesen quedado en ella rayos de luz), á causa de la conversacion con el Señor. Tan cierto es que la traduccion esclava de la letra pervierte muchas veces el sentido, pone la sentencia mas obscura de lo que está en el original, quita la gracia y energía de los conceptos, y ocasiona espresiones estrañas, que nada significan, y aun algunas que suenan muy mal á los oidos del pueblo fiel.

19. A la verdad son dignos de reprehension los que en la version literal de la Sagrada Escritura quieren mezclar paráfrasis, ó hacer uso de bellezas y elegancias de estilo que desdicen del original, engalanando con espresiones pomposas, tal vez insignificantes, la magestuosa sencillez de la palabra Divina, y confundiendo así las palabras del hombre con las de Dios. Pero tambien el traducir con demasiada sujecion á la letra tiene casi los mismos inconvenientes: porque, como hemos visto, muda muchas veces el sentido; ó no le deja inteligible, que es lo mismo que no traducir; á lo menos para el comun de los fieles, que ignora la lengua del original. He procurado pues evitar el extremo en que han caido algunos, que con el pretesto de traducir la Sagrada Escritura literalmente, y huir de la paráfrasis, dejan en castellano los idiotismos de la lengua latina, presentando así las palabras de Dios con un estilo desaliñado, grosero y bajo, que no tienen en la version latina, y mucho menos en el original hebréo ó griego: como sucede al traducir al castellano los pasages en que se habla de la circuncision (I. Cor. VII. 28.), de la fecundidad ó esterilidad de las mugeres de los patriarcas, de la union de los esposos, del poder de David, de las esposas de segundo órden, en tiempo que era permitida la poligamia, llamadas en la Vulgata concubinæ etc. ¿Quién no conoce, por egemplo, que en castellano esta voz dista mucho de espresar el sentido de la latina, y mas aun de la hebréa philegesc (Viene de phalag, mitad; y de icsah, esposa: como si dijera esposa á medias. Véase Santes Pagnino.); y que el traducir concubinas da un sentido, no solo indecoroso, sino falso? Lo mismo sucede cuando se llama la idolatría con el nombre de fornicacion; cuando se habla de los primeros hijos que paren las madres, ó de los primogénitos; cuando se traduce la voz inebriari por embriagar; eunuco en vez de valido etc. etc. Y es de notar que el mismo autor de la version Vulgata, en el salmo XLIV, v. 10, tradujo: Astitit regina à dextris tuis, en lugar de concubina que puso Aquila. No aprobaba S. Gerónimo estas versiones tan esclavas de la letra, y así el Santo puso conjux. Aun despues en las mejoras hechas en la version Vulgata se ha substituido con mucha propiedad, y haciendo un sentido mas literal y exacto, la voz regina, pues se habla de la muger de un Rey: y reyna tradujo ya Cipriano de Valera. Así es que en los Cantares de Salomon, donde S. Gerónimo y la Vulgata tradujeron: reginæ et concubinæ laudaverunt eam, la Iglesia en el rezo diario eclesiástico, dice solo: et reginæ laudaverunt eam.

20. Y si á los autores de la version griega de los Setenta Intérpretes, tan autorizada en tiempo de Jesu-Cristo, de que usa aun hoy dia la Iglesia griega, y que la latina reconoce por legítima ó canónica, nadie les ha reprendido la justa y racional libertad que se tomaron de no atarse siempre rigorosamente á la letra, á fin de poder espresar bien el sentido del original hebréo: si de esta misma santa libertad han usado despues los traductores latinos y los Padres de la Iglesia: si hasta el autor de la Vulgata deja algunas veces de traducir á la letra el testo hebréo ó griego, substituyendo la frase, ó palabra latina que corresponde: si esto es permitido en la traslacion aun de aquellos originales, cuyo estilo, frases, palabras, y hasta los mas mínimos ápices se creen dictados por Dios á Moysés y á los profetas, á los apóstoles y evangelistas; ¿qué género de duda puede caber ya, en que no solo no faltarémos al respeto debido á las palabras de Dios, sino que al contrario conservarémos en gran parte la magestad y elegancia que tienen en su original, si logramos substituir á las palabras y modismos del hebréo ó griego, que no tienen cabida en nuestra lengua, un lenguage castellano puro y elegante que esprese con claridad y con fluidez el sentido de la Escritura?

21. Así lo practicó el mas sabio traductor de los sagrados Libros que ha tenido la Iglesia. Al formar S. Gerónimo su version, dejó de trasladar literalmente varios idiotismos hebréos y griegos, poniendo en su lugar la frase latina que correspondia; y si conservó todavía algunos, fué, como él mismo advierte, por no hallar voces en dicha lengua bien adecuadas para espresar las del original; y quizá tambien por no ser prudente mayor variacion ó correccion en el texto latino de la Santa Escritura, de que usaban los fieles, mas instruidos entonces por lo comun que en nuestros dias en el lenguage de los Sagrados Libros. Bien sabida es la repugnancia que por esta sola causa halló en las iglesias de África tan apreciable version, ó sea correccion de la antigua Vulgata; y que por no ofender tanto los oidos del pueblo, acostumbrado á cantar los Salmos según la version antigua, no se pusieron en la Vulgata nueva las correcciones que hizo S. Gerónimo en el Salterio; las cuales ha adoptado la Iglesia en el salmo Venite exultemus, que sirve de introito para los maitines. Estaba pues muy distante el Santo de creer que en el órden (verborum ordo) con que ponia él las palabras latinas de la version que hacia, se significasen ningunos misterios; ni que despues al trasladarse esta, con el tiempo, del latin á otro idioma, se hubiese de atar escrupulosamente el traductor á lo material de las palabras de que el Santo usó: como algun teólogo falto de crítica ha querido inferir de aquel dicho del santo Doctor; el cual ponderando el respeto que tenia á los testos originales dictados por Dios, para no traducirlos con la misma soltura que las obras de los griegos: «en estas, decia, non verbum è verbo, sed sensum de sensu me exprimere profiteor» (Ep. 101. ad Pammach.). En cuyo sentido daba justamente S. Agustin la preferencia á la version latina, llamada Itala; por ser, decia, verborum tenacior cum perspicuitate sententiæ (De Doct. christ. lib. II.). Hasta varios hereges confiesan este particular mérito de la Vulgata. Y atendiendo el Santo á que quiso Dios dictar muchos de los Libros Sagrados con la armonía del verso y los adornos en la retórica, no desaprueba que en las versiones se procure la elegancia; con tal que por dar número ó cadencia á las palabras, no se quite la gravedad y energía á las sentencias (Lib. IV. de Doct. christ. c. 20.)103

22. Los que defienden las traducciones de la Escritura esclavas de la letra, alegan que la obscuridad en el testo sagrado es propia de la magestad de la Palabra de Dios, y de los profundísimos arcanos que ella encierra. Pero es preciso hacer distincion entre la obscuridad que nace de la substancia de las mismas cosas que se refieren por ser ellas de sí muy elevadas y superiores á la inteligencia del hombre; y la obscuridad que proviene de la diversidad entre nosotros y los orientales de usos y costumbres, de frases y espresiones metafóricas. Esta última obscuridad debe sin duda evitarse, aun en las versiones de la Sagrada Escritura, conservando únicamente aquellas formas de hablar hebraicas y griegas, que ó conciertan con las españolas, ó que á lo menos pueden ser fácilmente entendidas. Esta ventaja se observa, entre otras, en la lengua española, la cual aunque conserva la índole de la latina su madre, posee un riquísimo caudal de voces y modismos que esta no tiene, respondiendo al hebréo en muchas cosas, como dice el sabio y piadoso Fr. Luis de Leon104 (Prólogo al libro de los Cantares); efecto sin duda de la larga dominacion de los árabes en España, y de las muchas colonias de griegos que habia en ella. Y de aquí proviene que algunos pasages que traducidos del hebréo ó griego al latin quedan obscuros ó desaliñados, presentan la misma energía, claridad y hermosura del original trasladados al idioma castellano. En casos semejantes ¿quién duda que el fiel traductor de la Escritura debe espresar con claridad el sentido del Autor sagrado, aunque sea variando la frase ó sintaxis peculiar de la lengua latina, de que tuvo que usar el autor de la Vulgata? ¿No seria obscurecer la Palabra de Dios, y defraudarla de aquella su sencilla y nerviosa elocuencia el querer conservar todos los idiotismos hebréos y griegos, mucho mas difíciles de entender despues de latinizados, y ademas, trasladar á nuestra lengua aun otros que son peculiares de la latina, ó que presentan un sentido bajo, ridículo, y á veces falso é indecente? Y esta obscuridad ¿quién dirá que pertenezca á la magestad de las Santas Escrituras? ¿Cuántas venenosas sátiras y sarcasmos de los escritores impíos no tienen otro fundamento que algunas palabras de la Escritura traducidas, no según el natural y literal sentido de la metáfora hebréa ó griega, sino según la falsa ó equívoca significacion que presenta el traductor por no usar de la palabra ó frase que exige la lengua en que hace la version? La traduccion que esprese mas fielmente y con mayor claridad el sentido del original, atendiendo mas á la significacion que al número y sonido de las palabras, esta será la mas literal ó exacta.

23. Finalmente, óigase como habla el Illmo. Scio en la Disertacion preliminar á su version de la Biblia, despues de haberse esplicado con mucha energía á favor de las versiones literales, y contra las parafrásticas. «Mas no por eso se entienda, dice, que he dejado de imitar la práctica de los hombres mas eminentes, y que con mayor acierto y aceptacion hicieron sus traslaciones: los cuales no faltaron ni creyeron faltar á la fidelidad que se propusieron, omitiendo en ellas algun pronombre, como ego, tu, ille, etc., ó alguna de las conjunciones et, autem, quidem, y otras partículas semejantes, cuando no son enfáticas, ó se sobreentienden fácilmente, como sucede tambien en el griego y en el latin. Tampoco he creido faltar poniendo el nombre propio por el pronombre, ó el singular por el plural, ó al contrario; ó espresando en activa los pasivos, ó en pasiva los activos, ó reduciendo los participios y los verbos á sus tiempos equivalentes.» Estaba pues bien persuadido este erudito traductor de la necesidad de añadir ó quitar alguna palabra, ó de mudar la sintaxis para dar una version exacta y verdaderamente literal. Y debo decir, en obsequio á la buena memoria de este esclarecido Prelado (como ya lo advertí en el prólogo á la version del Nuevo Testamento), que si en su apreciable version de la biblia no siempre que podia usó de esta justa libertad y sólidos principios, y se ciñó muchas veces demasiado á la letra de la version latina, fué por no chocar mas fuertemente con la preocupacion que reinaba entonces contra las versiones de la Escritura en lengua vulgar. Ahora que se ha visto generalmente abandonada aquella equivocada idea, despues del universal aprecio que se ha merecido la espresada version, y el frecuentísimo uso que de ella se hace en España, creeré haber obrado conforme á los justos y cristianos deseos que el mismo Prelado manifestó al fin de su Disertacion preliminar, si en esta version he conseguido espresar ciertos pasages con alguna mayor claridad y fluidez de la que tienen en la suya, coadyuvando con mis débiles fuerzas á que avancemos un paso mas hácia la perfeccion de tan árdua y delicada obra.

24. En corroboracion de todo lo dicho, pondré aquí algunos ejemplos de traduccion castellana de la Vulgata, hecha tan literal y gramaticalmente, que por atenerse mas á la letra ó material de las palabras, que á su espíritu ó substancia, da un sentido impropio, ó muy obscuro, y á veces, falso, ó indecoroso; perjudicándose á la verdadera y rigorosa traduccion literal, y á la claridad y propiedad del lenguage, que debe procurar siempre el fiel traductor. Y en seguida añadiré una muestra de la santa y racional libertad con que, según dije ya en el prólogo al Nuevo Testamento, tradujeron muchas veces los Illmos. Scio y Martini.

Et erexit cornu salutis nostræ. Luc. I. 69. Y nos alzó el cuerno de salud etc. — Videns vidi afflictionem etc. Act. VII. 34. Yo he visto la aflicción etc. — Morte moriatur. Marc. VII. v. 10. Muera de muerte. En lugar de muera sin remedio ó sin remision, como se traduce Jerem. XXXVI. 8. — Nemo quod suum est quærat, sed quæ sunt alterius. I. Cor. X. 24. Ninguno busque lo que es suyo, sino lo que es del otro. He puesto estos versos, que me han venido primero á la mano, pertenecientes al Nuevo Testamento, no obstante de ser este mas fácil de traducir al castellano que el Antiguo, por las muchas versiones que se han hecho de él, y por hallarse casi todo vertido á nuestra lengua en los tratados de piedad. Pero donde se notan mas los inconvenientes de la traduccion esclava de la letra, ó materialmente atada á ella, es en el Antiguo Testamento, principalmente en los Profetas. Hasta en los libros historiales se ven semejantes faltas de buena y literal version. Baste citar los lugares siguientes:

Morte morieris. Gen. II. 17. Morir morirás. — Eritque in nationes. Gen. XVII. 16. Y será (Isaac) en naciones. — Captivas gladio. Gen. XXX. 26. 47. Cautivas de espada. — In ore gladii. Deuter. XIII. 15. A boca de espada. — Loquimini in auribus Pharaonis. Gen. L. 4. Hablad en oidos de Faraon. — Visitans visitavi vos. Exod. III. 7. Visitando os he visitado. — Sponsus sanguinum mihi es. Exod. IV. 25. Esposo de sangres eres para mí. — Sex diebus facietis opus. Exod. XXXI. 15. Seis dias haréis obra. — Nec facietis calvitium super mortuum. Deut. XIV. 1. No os haréis calva sobre un muerto. — Qui percusserit hominem volens occidere, morte moriatur. Ex. XXI. 12. Quien hiriere á un hombre, queriéndole matar etc.: debiendo decir matándole voluntariamente, como traduce el Sr. Martini y otros. — Ante Deos. Ex. XXII. 8. 9. Ante los dioses, en vez de, ante los jueces. — Quasi non esset unctus oleo. II. Reg. I. 21. Como si no hubiera sido ungido con óleo: en vez de decir, como si no estuviese consagrado Rey. — Et Episcopus levitarum. II. Esd. XI. 22. Y el Obispo de los Levitas etc. — Et vinum germinans virgines. Zach. IX. 17. Y el vino que engendra vírgenes. — Mingentem ad parietem. IV. Reg. IX. 8. Hasta el que mea á la pared: y cabalmente en el testo hebréo se usa de la voz mascún, que denota claramente que debe traducirse: hasta un perro.

25. Pondré ahora algunos de los muchos testos de la Sagrada Escritura, cuyas palabras ó frases ya tradujeron con una santa libertad los Illmos. Scio y Martini en sus versiones de la Vulgata latina al castellano y al italiano.

Illmo. Scio. — Habentes secum mutos, cœcos, claudos, debiles etc. Math. XV. 30. Que traian consigo mudos, ciegos, cojos, mancos etc. (Traduce la palabra debiles, mancos; no débiles, porque sigue el testo griego que dice kyllois, voz que significa mancos.) — Propter incredulitatem vestram. Math. XVII. v. 19. Por vuestra poca fe. — Patientiam habe in me, et etc. Math. XVIII. 29. Ten un poco de paciencia, y etc. — Stultus. Mat. VII. 26. Loco. — Seniores. Mat. XXVI. 3. Magistrados. — Levi Alfæi. Marci II. 14. Leví, hijo de Alfeo. — Videte quod audiatis. Marc. IV. 24. Atended á lo que vais á oir. — Puella. Marc. VII. 30. Hija. — Maria Joseph. Marc. XV. 47. María, madre de Josef. — Judas Jacobi. Luc. VI. 16. Judas, hermano de Santiago. — Litigabant ergo Judæi ad invicem etc. Joan. VI. 53. Comenzaron entonces los judíos á altercar unos con otros etc. — Scribebat in terra. Joan. VIII. 8. Continuaba escribiendo en tierra. — Pulmentarium. Joan. XXI. 5. Algo de comer. — Locum nostrum et gentem. Joan. XI. 48. Nuestra ciudad y nacion. — Locum. II. Mach. II. 29. Templo. — Ad eum. Joan. XI. 3. A Jesús. — De castello. Joan. XI. 1. Aldea. — Pontifices. Joan. XI. 56. Príncipes de los sacerdotes. — Delibor. II. Timoth. III. 6. Estoy á punto de ser inmolado. — Timeat. Eph. V. ult. Reverencie. — In cœlestibus. Eph. VI. 12. En los aires. — Audiam. Exod. V. 2. Obedezca. — Armaturam. Philip. II. 15. 17. Toda la armadura; porque esto significa la voz griega panopliam. — Ait. IV. Reg. IV. 43. Replicó. — Autem. II. Mach. IV. 39. Por lo que hace; y cap. XIV. 23. Por eso. — Atrium. Esth. IV. 11. Cuarto. Ib. VI. 4. Antecámara. Jerem. XXVI. 2. Patio. — Annuntiatio. I. Joan. III. 11. Doctrina. — Benedicere. III. Reg. VIII. 66. Llenar de bendiciones. Ib. XXI. 10. Blasfemar. — Bonitas. I. Esd. VIII. 32. Sinceridad. — Cogitationes. II. Cor. II. 11. Maquinaciones. — Cornua. Ezech. XLIII. 15. Pirámides. — Canticis. II. Mach. XV. 25. Alaridos. — Dominator. Is. III. 1. Soberano. — Carmelus. Jerem. XI. 7. Is. XXIX. 17. Tierra fertilísima. — Domus. II. Reg. XI. 27. Palacio. — Bellum Domini. I. Paral. V. 22. Gran batalla: ó batalla sangrienta. — Extruxit. I. Par. XI. 8. Reparó. — Eunuchus. IV. Reg. XXV. 19. Palaciego. — Eloquium. Ps. CXVIII. 145. Ley; y en Job. XXXIII. 1. Palabras. — Et. II. Mach. XII. 20. Y entretanto. — Fuerit. Gen. XXX. 26. Naciere. — Habitarent. Deut. II. 21. Poblasen. — Mola asinaria. Marc. IX. 41. Una piedra de las que mueve un asno: ó una piedra de molino de asno. Math. XVII. 6. — Os. Judic. IX. 38. Osadía. — Parvus. I. Par. XVI. 19. Pobre. — Præcipies. Jer. XXXVII. 4. Encargarás. — Pater. II. Reg. IX. 8. Abuelo. — Princeps exercitus. II. Reg. XXIV. 2. General. Ibid. v. 4. Capitan. IV. Reg. XXV. 25. Oficial. I. Paral. XII. 18. Caudillo. Ib. IX. 39. Príncipe. — Pulmentum. Gen. XXXVII. 5. Guisado; y c. XXV. 29. Potage. — Panem et aquam. IV. Reg. VI. 22. De comer. — Plaga. Num. XVI. 46. Mortandad. — Platea. II. Esd. 11. Calle. — Parvulus. Prov. XIV. Poco avisado. — Percusserit. I. Reg. XXVI. 10. Matáre. — Sacrificia. Heb. IX. 6. Ministerios. — Servus. Math. V. 11. Cortesano. II. Par. XXXII. 9. Mensagero. IV. Reg. X. 5. Vasallo. III. Reg. XI. 17. Criado. II. Reg. XIV. 30. Doméstico. — Spiritus. Jer. IV. 12. Viento. — Sensus. Phil. IV. 6. Entendimiento. Sap. IX. 17. Consejo. — Salutare. Is. LII. 10. Salvador. — Sapiens. II. Reg. IV. 2. Sagaz. Rom. XII. 6. Prudente. — Scriba. Math. XXIV. 34. Doctor. II. Par. XXXIV. 15. Escribano. Ib. v. 20. Secretario. — Stola. Judith. XVI. 10. Vestido. Esther VI. 10. Manto Real. — In sollicitudine. Rom. XII. 11. En hacer bien. — Tyrannus. Esth. VI. 9. Grande. — Tremor. Ephes. VI. 5. Respeto. — Transmigrare. II. Mach. XI. 1. Ir en cautiverio. — Ut. Gen. XL. 29. De manera que.

26. Traduccion libre, pero literal, de varias frases:

Nuntiatum est. II. Reg. III. 23. No faltó quien diese aviso. — Gustans gustavit. Sam. XIV. 43. Gustó con mucho gusto. — Locutus est. Deut. I. 21. Prometió. — Negotia et pondus. Deut. I. 12. El peso de los negocios. — Misit manus. Joan. XII. 1. Envió tropas. — Opus virtutis. Eccli. XLV. 10. Obra de primor y adorno. — Hora qua nescitis. Mat. XXIV. 44. En la hora que menos pensais. — Voce magna. Marc. I. 26. Con grandes alaridos. — Nolite quærere. Luc. XII. 29. No andeis afanados. — A sæculo. Eccli. XLIV. 2. Desde el principio del mundo. — Non debellavit. I. Mach. XIII. 46. No los trató con el rigor de la guerra. — Super negotia. II. Mach. III. 7. Ministro de hacienda. — Vita decessit. II. Mach. VI. 29. Acabó con su martirio. — Audite audientes. Is. LV. 2. Oid con atencion. — Morte moriatur. Jer. XXXVI. 8. Muera sin remedio. — Vita vivet. Ezech. XVIII. 9. Vivirá verdaderamente. — Pepercit oculis meus. Ezech. XX. 17. Los miré con ojos de misericordia. — Vestimenta varia. Ezech. XXVI. 16. Ropas bordadas. — Filiam feminarum. Dan. XI. 17. La mas hermosa entre las mugeres. — Non stabit. Dan. XI. 17. No le saldrá bien. — Sicut heri et nudius tertius. Dan. XIII. 15. Como todos los dias.

  1. Traduccion libre, pero literal, de varias frases:

Nuntiatum est. II. Reg. III. 23. No faltó quien diese aviso. — Gustans gustavit. Sam. XIV. 43. Gustó con mucho gusto. — Locutus est. Deut. I. 21. Prometió. — Negotia et pondus. Deut. I. 12. El peso de los negocios. — Misit manus. Joan. XII. 1. Envió tropas. — Opus virtutis. Eccli. XLV. 10. Obra de primor y adorno. — Hora qua nescitis. Mat. XXIV. 44. En la hora que menos pensais. — Voce magna. Marc. I. 26. Con grandes alaridos. — Nolite quærere. Luc. XII. 29. No andeis afanados. — A sæculo. Eccli. XLIV. 2. Desde el principio del mundo. — Non debellavit. I. Mach. XIII. 46. No los trató con el rigor de la guerra. — Super negotia. II. Mach. III. 7. Ministro de hacienda. — Vita decessit. II. Mach. VI. 29. Acabó con su martirio. — Audite audientes. Is. LV. 2. Oid con atencion. — Morte moriatur. Jer. XXXVI. 8. Muera sin remedio. — Vita vivet. Ezech. XVIII. 9. Vivirá verdaderamente. — Pepercit oculis meus. Ezech. XX. 17. Los miré con ojos de misericordia. — Vestimenta varia. Ezech. XXVI. 16. Ropas bordadas. — Filiam feminarum. Dan. XI. 17. La mas hermosa entre las mugeres. — Non stabit. Dan. XI. 17. No le saldrá bien. — Sicut heri et nudius tertius. Dan. XIII. 15. Como todos los dias.

27. Palabras en la version castellana de la Vulgata por el Illmo. Scio, añadidas ú omitidas: Marci IX. 37. Luc. V. 14. etc. añade Y. — Joan. XIV. 22. añade entonces. — Act. XIV. 23. añade diversas; y por no añadirlo en el v. 19. traduce muy obscuramente. — I. Cor. XII. 1. añade dones. — I. Timoth. III. 16. añade Dios. — I. Timoth. V. 23. añade sola. — I. Pet. I. 17. añade de la tribulacion. — III. Joan. I. 1. añade Señor. — Isai. XLIV. añade idolos. — Luc. V. 14. Sed vade, ostende etc. Mas ve, le dijo, y muéstrate etc. — Luc. XIV. 30. omite quia, como redundante. — II. Cor. XI. 32. omite damascenorum, como voz innecesaria. — Jerem. XX. 17. muda el guia en gui, siguiendo el testo griego. — Omite la palabra faciem, como redundante, Isai. III. 7. Jerem. XXXV. 11. y en otros lugares. «La palabra faciem (dice en la nota al cap. XXV, v. 7 de Jeremías) sobra en nuestro estilo de hablar: porque es hebraísmo muy frecuente, como à facie regis, por à rege: à facie arcus, por ab arcu etc. Algunas veces no la hemos omitido en la traduccion, porque no quedaba obscura; pero cuando queda, no es mal hecho el omitirla, como la omite el célebre Martini.» En la nota al v. 7 del cap. I de las Lamentaciones, dice: «Aunque antes de la palabra desiderabilium, no hay coma ni conjuncion et; con todo eso las requiere el buen sentido, y las ponen los espositores y los traductores, hasta el moderno Martini.» En la nota al v. 23, cap. 3, dice: «La palabra novi del testo, no es verbo, sino nombre adjetivo masculino, como en el hebréo; y en lugar de decir novæ, porque recae sobre el miserationes, puso el intérprete el masculino que halló en el original hebréo: así como puso tambien en el salmo XXVI, v. 4. Unam petii à Domino etc., en lugar de Unum, neutro, etc.» Véase lo que dice sobre la variacion de futuro en pretérito, Oseæ I. v. 10: y sobre variacion de persona, Zach. X. v. 12.

28. Ejemplos sacados de la version italiana del Illmo. Sr. Arzobispo Martini. — A virginitate sua. Luc. II. 36. Al quale erasi sposata fanciulla. — Modicum et non videbitis me etc., traduce de dos maneras estas mismas palabras. Joan. XVI. 16 y 17. — Auribus percipe, Domine. Ps. LXXXV. Odi propizio, ó Dio. — Ite, et stantes loquimini in templo plebi omnia verba vitæ hujus. Act. V. 20. Andate, et statevi à predicare al popolo tutte le parole di questa scienza di vita. — Stetit Moyses cum eo, invocans nomen Domini. Ex. XXIV. 5. Mosè si stette con lui, e quegli intuonò il nome etc. — Astutos. Prov. XIII. 16. Circunspetto. — Ante Deos. Ex. XXII. 8. Dinanzi à giudici. — Eunuchus. II. Par. XXVIII. 1. Cortiggiano. — Generatio. Mat. XII. 42. Razza di huomini. — Porta. Deut. XVII. 2. città. — Præcipere. Marci. VIII. 15. Instruire. Math. XVI. 16. Prevenire fortemente. — Præputium centum philistiim. I. Reg. XVIII. 22. II. Reg. XIII. 14. La morte di cento philistei. — Pondus. Job. XXXI. 24. Maestà. — Servus. II. Par. IX. 4. Cortiggiano. — In doctrina ejus. Luc. IV. 32. Del suo modo di insegnare. — Non creditis. Joan. XIV. 10. Non credi, siguiendo el testo griego. — Magis utere. I. Cor. VII. Più tosto eleggi di servire. — Añade Nazareno despues de Jesus, Math. XXVII. 37; porque está en el Evangelio de S. Juan, cap. XIX. 19. Añade Dio despues de sirvendo, Luc. II. 37. — Et factum est, Math. XXVI, le omite como redundante. — Ex. XVI. 33. añade future. — Joan. XIV. 28. añade ho detto, siguiendo el testo griego. — Oblationem. Levit. c. II. 1. Un'oferta di farina; añadiendo di farina, según el testo hebréo, por ser (dice) necesaria esta esplicacion. — Cum omni pecore non coibis etc. Levit. XVIII. 23, traduce, mudando todo el giro y frase: L'huomo, è la donna si guarderanno del peccare con bestie, peroche etc. — Fornicata fuerit cum eis. Lev. XX. 6. E se affezionerà ad essi. Son muchísimos los lugares, tanto de la traduccion castellana del Ilustrísimo Scio, como de la del Ilustrísimo Martini, que podrian añadirse á los dichos para comprobar la necesidad de no atarse muchas veces á lo material de las palabras, si se quiere traducir con exactitud y claridad, ó lo que es lo mismo, literalmente, las palabras de la Vulgata; las cuales son ya traduccion de otras lenguas antiquísimas, ya muertas, y de muy diferente índole que las modernas europeas.

29. En órden pues al método observado en esta version, he procurado seguir un medio prudente entre la traduccion gramatical, esclava de la letra, y la libre que degenera en paráfrasis. Bajo este principio, he tirado siempre á disminuir ó quitar la obscuridad en algunos testos, cuando solo proviene de las palabras ó de la colocacion de ellas peculiar de la lengua latina, dando á la frase castellana el giro propio de este idioma, y teniendo presente que una misma palabra ó espresion muda á veces de sentido en diferentes siglos. La obscuridad que viene de la substancia de las cosas, la disminuyo algunas veces interpretando el testo según el sentido mas claro que tiene en otro lugar de la misma Escritura Sagrada; v. gr., en el cap. XIV de los Jueces, v. 12, donde la palabra sindones, que Scio traduce sábanas, la he traducido vestidos, por lo que se dice al verso 19; como lo hicieron Carrieres y Sacy. Pero á fin de no confundir jamas ninguna palabra de los hombres con las de Dios, por si alguna vez uso mal de esa misma libertad, pongo de letra cursiva las palabras que pueden parecer paráfrasis del sentido literal. En cuanto á ciertas voces ó espresiones hebréas que usaban los apóstoles, aun hablando ó escribiendo en griego, y otras griegas que ha conservado la Vulgata, no he dudado en dejarlas tambien en la version castellana, pues pierden mucho de su energía al quererse esplicar por otros términos; y están ademas admitidas en nuestra lengua, y como prohijadas por ella. Tales son las voces Amen, Aleluya, Hosanna, Holocausto, Cáliz, Azimos, etc.

30. Si alguna vez, que será muy rara, doy al testo de la Vulgata una interpretacion diferente de la que han dado algunos otros traductores, es porque, según dice santo Tomás (Quodlib. III. art. 10.): «Cuando las diferentes opiniones de los Doctores (ó maestros) de la Sagrada Escritura no pertenecen á la fé, ni á las buenas costumbres, pueden los oyentes seguir sin ningun peligro una ú otra de las opiniones. Porque entonces tiene lugar aquel dicho del Apóstol (Ad Rom. XIV.): Siga cada cual su dictámen: Unusquisque in suo sensu abundet.»105 Esta tan sabia como juiciosa regla que da el santo Doctor me ha guiado en la eleccion de las notas que he puesto, tomadas todas de los Santos Padres y espositores católicos; las que son en corto número, y nunca de mera erudicion, por exigirlo así el fin de reducir á pocos volúmenes esta version, destinada al uso de los fieles en general. Por igual motivo he dejado de poner alguna nota cuando ha podido suplirse con una ó dos palabras, intercaladas al testo, con diferente carácter de letra. Finalmente puedo asegurar aquí, como el Illmo. Martini, que he mirado con tanto respeto la autoridad de los Santos Padres en la esposicion de la Sagrada Escritura, que me glorío con san Gerónimo de que jamas me he fiado de mí mismo: Nunquam me ipsum habui magistrum106; observando religiosamente el decreto de la sagrada Congregacion de 13 de junio de 1757107, confirmado por Benedicto XIV, sobre las versiones de la Escritura en lengua vulgar.

31. Habia pensado omitir en cada verso de la Escritura la division del aparte108, que de unos tres siglos acá hacen comunmente los editores de la Biblia; por parecerme que basta ya la enumeracion de los versos de cada capítulo para poder hallar luego cualquier palabra de los Libros sagrados, por medio de las Concordancias. Porque la division de aparte, como dice la Academia Española en la Ortografía, solo se debe hacer en donde cómodamente se puede suspender la lectura, sin riesgo de la verdadera inteligencia. Pero habiéndolo consultado con personas juiciosas, he preferido seguir la práctica actual: pues parece que da cierta dignidad bíblica, por decirlo así, al testo de la Escritura; y se diferencia tambien con esto de los demas escritos, que son palabras de hombres, y no de Dios. Únicamente en el testo latino me he acomodado al uso antiguo, para hacer menos voluminosa la impresion: teniendo presente que el Sr. D. Cárlos IV109 deseaba que saliera de un coste tal, que pudieran comprar la nueva version los fieles de cortos haberes.

§ IV

Motivo de emprenderse esta version: Reales órdenes para concluirla, y ser examinada; y razones que han hecho anticipar su publicacion.

32. En 10 de julio de 1815 S. M. el Sr. D. Fernando VII110 (que Dios guarde), por oficio que recibí del Excmo. Sr. D. Tomas Moyano111, que era entonces Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, y por otro tambien del Excmo. Sr. Duque de San Cárlos 112, Mayordomo mayor que era de S. M., se dignó mandarme que llevase al cabo y diese la posible perfeccion á la nueva version castellana de la Sagrada Biblia, que habia ya comenzado á trabajar en 1808 por encargo del difunto Sr. D. Cárlos IV. Aquel augusto y religiosísimo Monarca habia manifestado vivos deseos de que se fuese perfeccionando todo lo posible la version que él mismo habia mandado hacer al P. Scio, digno preceptor de sus augustos hijos. El Patriarca é Inquisidor general113, y el Arzobispo Abad114 de S. Ildefonso, confesor de S. M., con quienes el piadoso y católico Rey habia hablado muchas veces de este asunto, convinieron últimamente en que podia encargárseme esta larga, árdua y penosa taréa; y así lo propusieron á S. M., de quien recibí entonces mismo señales muy honoríficas del agrado con que miraba mi aficion al estudio de las Santas Escrituras. Y, según conocí despues, la confianza, que concibió el Sr. Patriarca é Inquisidor general de que podria yo desempeñar tan difícil comision, provino, mas que de las pruebas que podia tener de mi aptitud, de haberme visto en S. Ildefonso enteramente dedicado al estudio de la Sagrada Escritura; saber que desde mi niñez habia adquirido algunos conocimientos en las lenguas griega y hebréa; y haber oido que acababa de pasar algunos años regentando la nueva cátedra de Sagrada Escritura, erigida por el sabio Arzobispo de Tarragona, el Ilustrísimo Sr. D. Fr. Francisco Armaña115, y que dicho insigne teólogo, para avivar mi aficion á este estudio, me habia hecho traducir del hebréo al castellano parte de los Profetas, muchos Salmos y varios capítulos de la Escritura de especial dificultad, dándome con este motivo luminosas reglas para la traduccion literal. Tales fueron las razones que motivaron el que se me encargara trabajar una nueva version de la Escritura. Penetrado pues de la mas viva y respetuosa gratitud, por el honor que me dispensó el difunto Rey y Sr. D. Cárlos IV, y animado despues muy singularmente con la órden de nuestro actual Soberano, su augusto hijo, en que me confiaba de nuevo tan importante y delicada empresa, me dediqué con todo mi conato al desempeño de la Real comision; á pesar de que la miraba superior á mis fuerzas: porque siempre confié mucho en los auxilios de algunos amigos sabios y de sólida piedad, con quienes pudiese consultar los lugares mas difíciles.

33. A últimos del año 1822, en el retiro de una celda del convento de padres Franciscos de Sampedor116, cerca del santuario de Monserrate, acabé por fin la larga taréa de quince años. En virtud de Real resolucion de S. M., que me comunicó el Ordinario eclesiástico, y en consecuencia de lo que deseaban los censores, nombrados tambien en virtud de Real órden de 13 de julio de 1815, vine á esta corte para asistir á algunas sesiones, con que se habia de terminar la censura de mi manuscrito117; y conformándome al instante con las sabias reflexiones que sobre algunos puntos se me hicieron, quedó felizmente concluida. La aprobacion de mi manuscrito se puso luego en noticia de S. M. Obtenido despues el correspondiente permiso para imprimirse, como tambien la singular gracia de que esta version lleve á la frente la Régia divisa de su Augusto nombre, que tanto la recomienda, dí principio á la impresion; comenzando por el Nuevo Testamento, por ser esta lectura la de mayor utilidad para los fieles en general, á quienes principalmente se dirige esta nueva version de la Escritura.

34. Pensaba á la verdad pasar casi toda mi vida trabajando en disminuir sus defectos: tímido, por carácter natural y por el conocimiento de mis débiles luces y talento, creo que nunca me hubiera atrevido á publicarla. Pero el ver las copiosas ediciones del Nuevo Testamento en castellano, que se están haciendo fuera de España, algunas de autores no católicos: el saber que se iban á imprimir treinta mil ejemplares de la traduccion del Illmo. Scio, omitidas todas las notas, aun las mas necesarias; y la esperiencia del daño que ya ocasionaba la edicion de ocho mil que se despachó en breve, comenzó á hacerme vacilar sobre este punto. Ademas las varias propuestas que se me habian hecho para que dejara imprimir mi manuscrito, no solo sin ningun gasto mio, sino con muchas ventajas; propuestas que miré siempre como inadmisibles, atendido el Augusto orígen de mi comision, y en seguida la noticia que tuve de que iba á verificarse una copiosa edicion de toda la Biblia en castellano con destino á las Américas, para el caso de retardarse la publicacion de esta: todo lo dicho, reunido al dictámen de varias personas sabias y amantes de la Religion, que habian leido ya parte de mis borradores, y á cuyo voto siempre he creido deber deferir, hizo que finalmente me resolviese á imprimir esta version; despues de haber implorado del Señor las luces de su Divina gracia, para hacerlo de un modo que cediese en mayor gloria suya y provecho de las almas. Debo pues esperar en Dios que producirá los saludables efectos que se propuso el augusto y religioso Monarca Sr. D. Cárlos IV; y que coadyuvará eficazmente á las sabias providencias con que el Rey Ntro. Sr. procura apartar de sus amados vasallos los libros impíos y subversivos118, de que se ha inundado desgraciadamente la católica España en estos últimos años.

LIBROS DEL TESTAMENTO NUEVO.

Los cuatro Evangelios, según san Matéo, san Marcos, san Lucas y san Juan.

Los Hechos de los Apóstoles, escritos por san Lucas evangelista.

Las catorce Epístolas de san Pablo apóstol. A los Romanos, dos á los Corintios, á los Gálatas, á los Efesios, á los Filipenses, á los Colosenses, dos á los Tesalonicenses, dos á Timotéo, á Tito, á Filemón, á los Hebreos.

Las dos Epístolas de san Pedro apóstol, las tres del apóstol san Juan, una del apóstol Santiago, una del apóstol san Judas; y el Apocalipsis del apóstol san Juan.

Y en seguida añade el Concilio:

Si alguno no recibiere como sagrados y canónicos estos mismos libros enteros con todas sus partes, como se han acostumbrado leer en la Iglesia católica, y se contienen en la edicion Vulgata latina antigua, sea anatema119.

Fe de erratas

Pág. Lín. Dice Léase
16 27 onmes omnes
20 1 su según su
24 46 nuevamente meramente
34 30 habitat habitabat
45 39 possint possent
45 (pen.) su en su
57 3 habitó habito
59 31 erant erat
63 7 el Sur Sur
73 9 un una
84 44 Labam Laban
95 35 Heviæ Hevæi
97 1 Lotal Lotan
105 16 á tal en tal
113 16 gentes, gentes
153 33 affixisti afflixisti
153 34 affixit afflixit
190 18 todos todos los
270 25 inmolados inmoladlos
272 7 cogiendo los cogiéndolos
272 16 Eleázaro Eleazar
276 25 hasto hasta
278 21 cincuncidado circuncidado
368 2 hijo hijo de

Al fin del último tomo se pondrá una fe de erratas general de todos.

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Esta edición anotada del Discurso preliminar de la Sagrada Biblia (1824) de Félix Torres Amat, incluyendo la transcripción del texto original, la digitalización y las notas al pie, ha sido preparada por Daniel Subiabre.

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Notas

  1. La Vulgata (del latín vulgata, "común" o "de uso general") es la traducción de la Biblia al latín, realizada en su mayor parte por San Jerónimo a finales del siglo IV d. C. (hacia el año 405). Es la versión oficial de la Iglesia Católica Romana y su nombre proviene de la expresión versio vulgata (la "versión de uso común"), ya que llegó a ser la edición estándar de la Biblia en la Iglesia Occidental.
  2. Dignidad de Sacrista de la Santa Iglesia de Barcelona. En el contexto de la Iglesia Catedral de Barcelona, una "dignidad" es un cargo honorífico y de autoridad dentro del cabildo catedralicio, que conlleva funciones litúrgicas y administrativas específicas. La "Sacristía" (en latín, sacristia) es el lugar donde se guardan los ornamentos, vasos sagrados y libros para el culto. Por lo tanto, el "Sacrista" (o sacristán mayor) era el canónigo encargado de la custodia y gestión de todo lo relacionado con el culto divino, un puesto de gran relevancia en la jerarquía eclesiástica. Que Félix Torres Amat fuera investido con esta dignidad indica su alto rango y responsabilidad dentro de la catedral barcelones
  3. La presente Advertencia forma parte del texto original de la edición de 1824. En ella, Torres Amat expone las circunstancias históricas, eclesiásticas y personales que rodearon la publicación de su versión de la Biblia, así como las aprobaciones y licencias eclesiásticas obtenidas. El autor se inscribe en la tradición de la Ilustración católica española, que buscaba acercar las Escrituras a los fieles en lengua vulgar, siguiendo las directrices de los papas Benedicto XIV y Pío VI, y el precedente de la traducción de Felipe Scio de San Miguel. La obra refleja el contexto de la Restauración absolutista en España (1823-1833), durante el reinado de Fernando VII, y la preocupación por contrarrestar la difusión de ideas liberales y protestantes mediante la promoción de la lectura bíblica bajo control eclesiástico. El texto se publica aquí en su integridad, con las notas aclaratorias necesarias para facilitar su comprensión al lector moderno.
  4. Nuevo Testamento (del latín Novum Testamentum, y este del griego Ἡ Καινὴ Διαθήκη, Hē Kainḕ Diathḗkē, "el nuevo pacto o alianza") es la segunda parte de la Biblia cristiana, compuesta por 27 libros escritos en griego koiné entre los siglos I y II d. C. Narra la vida, muerte y resurrección de Jesucristo (Evangelios), la historia de la Iglesia primitiva (Hechos de los Apóstoles), las cartas doctrinales de Pablo y otros apóstoles (Epístolas) y un libro profético (Apocalipsis). Es el núcleo normativo de la fe cristiana y se distingue del Antiguo Testamento por centrarse en la nueva alianza sellada con la sangre de Cristo.
  5. León XII (nombre de nacimiento: Annibale Francesco Clemente Melchiorre Girolamo Nicola Sermattei della Genga; 1760-1829) fue el papa número 252 de la Iglesia Católica, y rigió entre 1823 y 1829. En el contexto de la Vulgata, su pontificado es relevante porque, en 1824, se publicó en Münster una edición de la Biblia Sacra Vulgatae Editionis dedicada a él, que incluye una carta de dedicatoria del editor al papa y su respuesta, en la que se menciona a Johann Hyacinth Kistemaker como responsable de la edición
  6. Nuncio (del latín nuntius, "mensajero" o "enviado") es el embajador extraordinario y permanente del papa ante un gobierno soberano o ante una Iglesia nacional. Su función es representar a la Santa Sede en asuntos diplomáticos y eclesiásticos, promoviendo las relaciones entre el Vaticano y el país receptor. En el contexto de la Iglesia Católica, el nuncio apostólico es también el encargado de comunicar los nombramientos episcopales y supervisar la situación de la Iglesia local. Su rango equivale al de un embajador de primera clase, y en muchos países tiene el título protocolar de decano del cuerpo diplomático.
  7. Cardenal Giulio Maria della Somaglia (1744–1830) fue un destacado cardenal italiano de la Iglesia Católica, conocido por su carácter ultramontano y conservador (perteneciente al partido de los zelanti). Ocupó altos cargos en la Curia Romana: fue Secretario de la Inquisición (desde 1814), Decano del Colegio Cardenalicio (desde 1820) y, durante el pontificado de León XII (al cual precedió en el cargo en el cónclave de 1823), fungió como su Secretario de Estado entre 1823 y 1828. El "Sr. Cardenal de la Somaglia" se refiere a esta relevante figura eclesiástica, máxima autoridad colaboradora directa del Papa León XII.
  8. Longino (o más exactamente, el Pseudo-Longino) es el nombre con que se conoce al autor anónimo del tratado griego de crítica literaria Sobre lo sublime (Peri hypsous), escrito probablemente en el siglo I d. C. El autor cita en su obra, como ejemplo de sublimidad, el pasaje del Génesis (1, 3: "Dijo Dios: 'Hágase la luz', y la luz se hizo"), considerándolo una muestra de la grandeza y majestuosidad del estilo divino. Esta cita era muy utilizada por los autores cristianos para demostrar que incluso los escritores paganos reconocían la excelencia y la sublimidad de las Escrituras. El término "Longino" se debe a que, durante mucho tiempo, se atribuyó erróneamente la obra a Casio Longino (siglo III), aunque hoy los filósofos y críticos la atribuyen a un autor anónimo del siglo I y la llaman del Pseudo-Longino. Así, pues, la referencia del texto señala que hasta los filósofos gentiles admiraron y veneraron las Sagradas Escrituras como modelos de sublimidad y moral sublime.
  9. Bossuet (1627–1704), obispo y célebre orador francés, considerado uno de los más grandes predicadores de la historia, cuyos sermones y obras teológicas son ejemplos de la sublimidad cristiana que el Pseudo-Longino atribuía a los textos sagrados.
  10. Helvétius (Claude-Adrien Helvétius, 1715–1771), filósofo francés y uno de los enciclopedistas, conocido por su obra De l'esprit (1758), en la que defendía una moral basada en el sensismo y el interés bien entendido, y que fue condenada y quemada públicamente por la Sorbona y el Parlamento de París
  11. San Pablo (m. c. 64–67 d. C.), apóstol de los gentiles, autor de numerosas epístolas del Nuevo Testamento y figura central en la expansión del cristianismo primitivo.
  12. Timoteo (m. c. 97 d. C.), discípulo y colaborador cercano de San Pablo, a quien el apóstol menciona en varias de sus epístolas y a quien dedicó dos cartas pastorales (1 y 2 Timoteo). Fue obispo de Éfeso y es venerado como santo por la Iglesia Católica y Ortodoxa.
  13. Ibid. (abreviatura de ibidem, "en el mismo lugar") remite a la obra citada inmediatamente antes. Rom. XV, 4 se refiere al capítulo 15, versículo 4 de la Epístola a los Romanos, que dice: "Porque todo lo que fue escrito en el pasado, fue escrito para nuestra enseñanza, a fin de que por la paciencia y consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza".
  14. Concilio de Trento, sesión XXIV, capítulo 4 del decreto De reformatione (Sobre la reforma). Este capítulo, promulgado el 11 de noviembre de 1563, regula el deber de predicar. Dispone que los obispos prediquen personalmente en su catedral, o por medio de otros si están impedidos, y que los párrocos hagan lo mismo en sus iglesias, especialmente los domingos y días de fiesta solemne. También ordena a los obispos exhortar a los fieles a asistir a la predicación en sus propias parroquias
  15. Orígenes (c. 185–c. 254 d. C.), teólogo y filósofo cristiano de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia más influyentes de la antigüedad. Es especialmente célebre por su monumental obra Hexapla, en la que dispuso en seis columnas paralelas el texto hebreo del Antiguo Testamento y sus principales versiones griegas, con el fin de establecer el texto más fiel posible de la Septuaginta. Esta obra fue fundamental para la crítica textual bíblica y sirvió de base para las revisiones posteriores de la Vulgata. Su método exegético, que distinguía varios sentidos en la Escritura, y su producción homilética y comentarística ejercieron una profunda influencia en la tradición cristiana posterior.
  16. Homilia VIII in Leviticum (Homilía 8ª sobre el Levítico). En esta homilía, Orígenes comenta extensamente los capítulos 13 y 14 del Levítico, dedicados a las diversas clases de lepra y a los ritos de purificación correspondientes (Lv 13, 1-45 y 14, 1-32). La obra se conserva principalmente en la traducción latín de Rufino, que es la que ha llegado hasta nosotros, pues la mayor parte del original griego se ha perdido
  17. Crisóstomo (San Juan Crisóstomo, c. 347–407 d. C.), Padre de la Iglesia y uno de los más grandes oradores cristianos de la antigüedad, cuyo sobrenombre Crisóstomo significa "boca de oro" en griego por su elocuencia. Fue arzobispo de Constantinopla y es autor de numerosas homilías y comentarios exegéticos sobre las Escrituras, de gran influencia en la tradición cristiana tanto oriental como occidental.
  18. Homilia II in Matthaeum (Homilía 2ª sobre el Evangelio de San Mateo). En esta homilía, San Juan Crisóstomo comenta el comienzo del Evangelio, especialmente la genealogía de Cristo (Mt 1, 1-17) y el anuncio del ángel a José (Mt 1, 18-25). La obra forma parte de sus célebres Homilías sobre San Mateo, que constituyen uno de los comentarios patrísticos más extensos e influyentes sobre el primer Evangelio.
  19. Homilia III de Lazaro (Homilía 3ª sobre Lázaro). En esta homilía, San Juan Crisóstomo comenta la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31). En ella, el Padre de la Iglesia exhorta a todos los fieles, incluidos los laicos ocupados en asuntos seculares, a la lectura asidua de las Sagradas Escrituras, argumentando que incluso quienes no las entienden plenamente obtienen gran provecho de su lectura, y que la ignorancia de las Escrituras es fuente de herejías y de perdición espiritual.
  20. San Ambrosio (c. 340–397 d. C.), Padre y Doctor de la Iglesia, fue obispo de Milán y una de las figuras eclesiásticas más influyentes del siglo IV. Es conocido por su papel en la conversión de San Agustín, su defensa de la fe ortodoxa frente al arrianismo
  21. In titulum Psalmi LIII (Sobre el título del Salmo 53). Se refiere al comentario de San Ambrosio sobre el encabezado de este salmo. En la tradición de la Vulgata, el Salmo 53 corresponde al número 53 de la numeración de la Septuaginta y la Vulgata latina, que en la numeración hebrea se corresponde con el Salmo 54. San Ambrosio escribió Enarrationes in Psalmos, comentarios exegéticos sobre diversos salmos, que se caracterizan por su fervor y profundidad espiritual. Jerónimo, en su carta a Agustín (Epistula CXII), menciona que Ambrosio, al igual que otros autores latinos, se basó en parte en Orígenes y Eusebio para sus exposiciones sobre los Salmos.
  22. Publicanos (del latín publicanus, y este del griego telones). Eran recaudadores de impuestos al servicio del Imperio Romano, encargados de cobrar tributos, peajes y aranceles en las provincias. En el mundo judío del siglo I, eran odiados y despreciados por tres razones principales: trabajaban para la ocupación romana, solían cobrar más de lo debido para enriquecerse, y su oficio implicaba contacto habitual con gentiles, lo que les hacía impuros desde el punto de vista de la ley judía. Por todo ello, eran considerados pecadores públicos, excluidos de la sinagoga y equiparados con prostitutas y gentiles. Los Evangelios los mencionan con frecuencia, y el episodio del publicano y el fariseo (Lc 18, 9-14), así como la llamada de Leví-Mateo (Mt 9, 9-13; Mc 2, 13-17; Lc 5, 27-32), muestran cómo Cristo, a diferencia de los fariseos, no rechazaba su compañía y los llamaba a la conversión. San Ambrosio, en su comentario al Salmo 53, se refiere a ellos al contrastar la justicia farisaica con la humildad del publicano que reconoce su pecado.
  23. Ptolomeo II Filadelfo (c. 308–246 a.C.), segundo rey de la dinastía ptolemaica en Egipto (gob. 285–246 a.C.). Su reinado se caracterizó por un gran mecenazgo cultural, especialmente con la fundación y expansión de la Biblioteca y el Museo de Alejandría. Se le atribuye la iniciativa de la traducción del Pentateuco hebreo al griego, conocida como la Septuaginta, según relata la Carta de Aristeas. También promovió importantes reformas administrativas y económicas, como las recogidas en las Revenue Laws.
  24. Se refiere a la bula papal emitida por el Papa Sixto V (1585-1590) que fue incluida al frente (præfixa) de una edición de la Septuaginta con interpretación latina publicada en el año 1582, probablemente la conocida Editio Sixtina de la Septuaginta. Esta bula, al igual que las bulas de Sixto V en general, se caracteriza por estar redactada en una elegante escritura gótica y por su sello de plomo con la efigie de los santos Pedro y Pablo.
  25. Dálmata (o dalmático), lengua romance ya extinta que se habló en la región de Dalmacia (actual Croacia) e islas adriáticas como Veglia (Krk). Surgió del latín vulgar y se extinguió en 1898 con la muerte de Tuone Udaina, su último hablante nativo. San Jerónimo, nacido en Estridón (en la frontera entre Dalmacia y Panonia), probablemente tuvo esta lengua como lengua materna o de entorno, además del latín y el griego que aprendió en sus estudios.
  26. Epistula ad Sophronium (Carta a Sofronio). Se refiere a la carta que San Jerónimo dirigió a su amigo Sofronio, un erudito griego que le había pedido una traducción directa de los Salmos del hebreo al latín, que luego el propio Sofronio tradujo al griego . En esta epístola, que sirve como prefacio a su traducción de los Salmos, Jerónimo justifica su trabajo y defiende la necesidad de acudir a la lengua original (hebraica veritas) . La carta es especialmente célebre por el proverbio griego que en ella incluye, de lectura incierta en los manuscritos, y que algunos editores han reconstruido como ἐς φορυτὸν φορυτὸν φέρειν ("llevar leña al bosque") , una manera de expresar lo superfluo de traducir al griego para los griegos lo que ya poseían en su propia lengua.
  27. Algunas obras de San Juan Crisóstomo (c. 347–407) se tradujeron al armenio en fechas tempranas. La tradición de estas versiones se remonta, en algunos casos, al siglo V, durante la llamada "Edad de Oro" de la literatura armenia, aunque también se conocen traducciones posteriores, como las del siglo XI . Estas versiones son valiosas para los estudiosos porque pueden ayudar a reconstruir o comprender mejor el texto original griego de las homilías cuando este se ha perdido o se conserva de forma fragmentaria .
  28. Ulfilas (también Wulfila, c. 311-383 d.C.), obispo de los godos y traductor de la Biblia a la lengua gótica. Para llevar a cabo su traducción, creó previamente un alfabeto propio para el gótico, adaptado principalmente del alfabeto griego. La obra se conoce como Codex Argenteus y, aunque no se conserva completa, es la fuente textual más extensa que existe de la lengua germánica oriental. Ulfilas profesaba el arrianismo, doctrina condenada como herética en el Concilio de Nicea
  29. Juan, obispo de Sevilla, también conocido como Juan Hispalense o Juan de Sevilla, fue un erudito y traductor activo en la Península Ibérica durante el siglo XII . Su identidad histórica presenta cierta complejidad, ya que las fuentes mencionan a varias personas con nombres similares. Se le atribuye, en ocasiones, el título de obispo , aunque otros textos lo relacionan más estrechamente con la Escuela de Traductores de Toledo. Su labor de traducción se centró principalmente en verter obras del árabe al latín, abarcando temas de filosofía, astronomía y medicina
  30. Metodio (San Metodio, c. 815–885 d. C.), misionero bizantino y apóstol de los eslavos, hermano de San Cirilo. Junto con su hermano, tradujo los Libros Sagrados al antiguo eslavo eclesiástico (también llamado paleoeslavo), creando para ello el alfabeto glagolítico, que más tarde dio origen al cirílico. Esta traducción, conocida como la Biblia de la Rus de Kiev, es una de las más antiguas y relevantes para la tradición cristiana eslava. La labor de los hermanos Cirilo y Metodio fue reconocida por el Papa Adriano II, quien aprobó el uso de la lengua eslava en la liturgia.
  31. Teodoreto (c. 393–c. 460 d. C.), obispo de Ciro en Siria, fue uno de los más importantes teólogos, exégetas e historiadores de la Iglesia oriental. Es conocido por sus comentarios bíblicos, su Historia eclesiástica y su defensa de la ortodoxia cristiana frente a las herejías de su tiempo, especialmente el nestorianismo y el eutiquianismo. También es autor de la Historia de los monjes y de numerosos diálogos apologéticos. En el contexto de las traducciones de la Biblia, es célebre por haber afirmado que los Libros Sagrados habían sido traducidos a "todas las lenguas" de su tiempo, testimonio que Torres Amat cita en su Discurso preliminar para demostrar la antigüedad y universalidad de las versiones bíblicas. Fue condenado póstumamente por el Segundo Concilio de Constantinopla (553) por su simpatía hacia Teodoro de Mopsuestia, aunque su figura ha sido reivindicada en gran medida por la tradición cristiana.
  32. Biblia de Ferrara (1553) es la primera edición impresa de la Biblia hebrea completa en lengua española. Fue publicada en Ferrara (Italia) por los sefardíes Abraham Usque (impresor) y Yom-Tob Athias (tipógrafo), judíos españoles y portugueses huidos de la Inquisición. Se trata de una traducción "palabra por palabra" del texto hebreo al ladino (judeoespañol), con una sintaxis muy próxima al hebreo y escrita en caracteres latinos con signos diacríticos. Esta obra fue una de las principales fuentes que utilizó Casiodoro de Reina para su célebre traducción de la Biblia al español (Reina-Valera, 1569)
  33. Casiodoro de Reina (c. 1520–1594), monje jerónimo español convertido al protestantismo, autor de la primera traducción completa de la Biblia al castellano hecha directamente desde las lenguas originales, publicada en Basilea el 28 de septiembre de 1569 y conocida como Biblia del Oso por el emblema del impresor en la portada . Para el Antiguo Testamento utilizó principalmente el texto hebreo masorético, además de la traducción latina de Santes Pagnino y la Biblia de Ferrara, mientras que para el Nuevo Testamento se basó en el Textus Receptus griego . A diferencia de las versiones católicas de Scío y Torres Amat, que partían de la Vulgata latina, la obra de Reina fue valorada por su calidad literaria, incluso por críticos católicos como Menéndez Pelayo, quien la consideró superior en estilo a las traducciones católicas de su época . La revisión de Cipriano de Valera (1602), conocida como Biblia del Cántaro, dio origen a la célebre serie de traducciones Reina-Valera que han sido ampliamente usadas por las iglesias protestantes de habla hispana.
  34. Cipriano de Valera (c. 1532–c. 1602), teólogo y traductor español, fue un monje jerónimo que, como Casiodoro de Reina, se convirtió al protestantismo. Es conocido por su revisión de la traducción bíblica de Reina, publicada en Ámsterdam en 1602, que se conoce como Biblia del Cántaro por el emblema del impresor en la portada. Esta versión corrigió numerosos errores de la anterior y se convirtió en la base de la célebre serie de traducciones Reina-Valera, ampliamente utilizada por las iglesias protestantes de habla hispana. Torres Amat menciona a Valera en su Discurso preliminar para señalar que incluso autores protestantes reconocían la existencia de versiones castellanas antiguas, incluidas las catalanas.
  35. Biblia valenciana (1478), primera Biblia impresa en lengua catalana/valenciana y cuarta del mundo, traducida de la Vulgata latina por el cartujo Bonifacio Ferrer (c. 1355-1417), hermano de San Vicente Ferrer . Impresa en Valencia por Alfonso Fernández de Córdoba y Lambert Palmart entre febrero de 1477 y marzo de 1478 . Fue requisada y quemada por la Inquisición en 1498 por estar en lengua vulgar; solo se conserva una hoja del Apocalipsis en la Hispanic Society de Nueva York
  36. San Vicente Ferrer (c. 1350–1419), dominico valenciano, uno de los más grandes predicadores de la Iglesia, conocido como el "Ángel del Apocalipsis". Recorrió Europa predicando la penitencia y la conversión, y realizó numerosos milagros. Fue canonizado por el Papa Calixto III en 1455. Es hermano de Bonifacio Ferrer, traductor de la Biblia valenciana mencionada en el texto.
  37. Ilustrísimo Scio (Fray Felipe Scio de San Miguel, 1738–1796), religioso agustino y obispo de Segovia, autor de la primera traducción completa de la Biblia al castellano aprobada para uso de los fieles en España (1793-1797). Su versión, hecha de la Vulgata latina, fue la más difundida y leída en España durante décadas, y sirvió de base y modelo para la traducción de Torres Amat.
  38. Pío IV (Giovanni Angelo Medici, 1499–1565), papa número 224 de la Iglesia Católica (1559–1565). Presidió la conclusión del Concilio de Trento (1562–1563) y promulgó sus decretos. En 1564 publicó el Índice de libros prohibidos (Index librorum prohibitorum), en el cual, mediante las reglas III y IV, regulaba la lectura de la Sagrada Escritura en lengua vulgar, estableciendo que solo podía leerse con licencia del Ordinario o del Inquisidor. Esta medida, dictada para frenar la propagación de las herejías protestantes, no era una prohibición absoluta, sino una cautela para evitar interpretaciones erróneas entre los fieles no instruidos.
  39. Los Padres del concilio se refiere a los obispos y demás prelados que participaron con voto deliberativo en el Concilio de Trento (1545–1563), convocado para responder a la Reforma protestante y definir la doctrina católica. El término "Padres" se usa en la tradición eclesiástica para designar a los miembros de un concilio ecuménico, por analogía con los Padres de la Iglesia. En el contexto del texto, aluden concretamente a los que aprobaron las reglas sobre la lectura de la Biblia en lengua vulgar y declararon auténtica la Vulgata latina (sesión IV, 1546). Torres Amat cita el Concilio como autoridad para justificar su versión de la Biblia.
  40. Concilio de Trento (1545–1563), concilio ecuménico de la Iglesia Católica, convocado para responder a la Reforma protestante y definir la doctrina católica. En su sesión IV (1546), declaró la Vulgata como versión auténtica de la Escritura para la Iglesia latina, y estableció el canon de los libros sagrados. En la sesión XXIV (1563), reguló la predicación, ordenando a obispos y párrocos que instruyeran al pueblo. Su autoridad es invocada por Torres Amat para justificar su traducción de la Vulgata y su intención de acercar las Escrituras a los fieles españoles.
  41. Índice de libros prohibidos (Index librorum prohibitorum), catálogo de obras cuya lectura o posesión estaba prohibida por la Iglesia Católica, publicado por primera vez en 1559 por el Papa Pablo IV y revisado en 1564 por Pío IV tras el Concilio de Trento. Las reglas III y IV establecían, respectivamente, la necesidad de licencia del Ordinario eclesiástico o del Inquisidor para leer versiones de la Biblia en lengua vulgar, y la prohibición de poseer o leer Biblias en romance sin dicha autorización. Torres Amat cita estas reglas para mostrar que la Iglesia no prohibía absolutamente la lectura de la Escritura, sino que la regulaba prudentemente para evitar abusos doctrinales, y que posteriormente Benedicto XIV y Pío VI suavizaron estas disposiciones para fomentar la lectura bíblica entre los fieles.
  42. Ordinario eclesiástico (del latín ordinarius, "que está en orden" o "que pertenece a la regla"), es el prelado que ejerce jurisdicción ordinaria sobre una diócesis o territorio eclesiástico. En el derecho canónico, son Ordinarios el Obispo diocesano, el Vicario general, el Vicario capitular (en sede vacante), y en algunos casos los Superiores mayores de órdenes religiosas clericales. En el contexto del texto, el Ordinario era la autoridad competente para conceder o denegar la licencia para leer versiones de la Biblia en lengua vulgar, según lo dispuesto en las reglas del Índice de libros prohibidos promulgado por Pío IV.
  43. Inquisidor (del latín inquisitor, "investigador" o "buscador"), era el juez eclesiástico nombrado por el Tribunal de la Inquisición, encargado de investigar y reprimir las herejías. Su origen se remonta al siglo XIII, pero fue a partir del siglo XV cuando la Inquisición española adquirió gran poder e influencia. En el contexto del Índice de libros prohibidos, el Inquisidor, junto con el Ordinario eclesiástico, era la autoridad competente para conceder o denegar la licencia para leer Biblias en lengua vulgar, con el fin de prevenir la propagación de errores doctrinales entre los fieles. La Inquisición española fue abolida en 1834, pocos años después de la publicación de la versión de Torres Amat.
  44. San Roberto Belarmino (1542–1621), jesuita, cardenal y Doctor de la Iglesia, fue uno de los más destacados teólogos de la Contrarreforma, célebre por su monumental obra Disputationes de controversiis christianae fidei, en la que defendió la doctrina católica frente a los protestantes . En el contexto del texto de Torres Amat, Belarmino es citado como autoridad para demostrar que la Iglesia católica nunca prohibió absolutamente las traducciones de la Biblia en lengua vulgar, sino que las reguló prudentemente para evitar abusos doctrinales . Además, participó en la revisión de la Vulgata latina publicada en 1592 y escribió su introducción
  45. Martín Chemnitz (1522–1586) fue un destacado teólogo luterano alemán, conocido como el "segundo Martín" (después de Lutero) por su influencia en la consolidación del luteranismo . Es famoso por su obra Examen del Concilio de Trento (Examen Decretorum Concilii Tridentini), publicada entre 1565 y 1573 , en la que somete a crítica los decretos del Concilio desde la perspectiva protestante . Belarmino, citado en el texto de Torres Amat, respondió a las objeciones de Kemnicio sobre la autoridad del Papa para dispensar votos y leyes, defendiendo que esta facultad deriva de su oficio como administrador de los misterios de Dios .
  46. De Verbo Dei (Sobre la Palabra de Dios), libro II, capítulo 15, de las Disputationes de controversiis christianae fidei (1581–1593) de San Roberto Belarmino . En este capítulo, el cardenal jesuita defiende la autenticidad y autoridad de la Vulgata latina frente a las críticas de los protestantes . También sostiene que la Iglesia católica nunca prohibió absolutamente las traducciones de la Biblia en lengua vulgar, sino que las reguló para evitar abusos doctrinales . Torres Amat cita esta obra para demostrar que la censura eclesiástica sobre las versiones bíblicas no era una prohibición absoluta, sino una medida prudencial para proteger la fe de los fieles.
  47. Belarmino contra Kemnicio se refiere a la polémica entre el cardenal jesuita San Roberto Belarmino (1542–1621) y el teólogo luterano Martín Chemnitz (1522–1586). Chemnitz, en su Examen del Concilio de Trento (1565–1573), criticó los decretos tridentinos desde la perspectiva protestante, incluyendo la declaración de autenticidad de la Vulgata. Belarmino, en su obra De Verbo Dei (libro II, capítulo 15), respondió a estas objeciones defendiendo que la Iglesia nunca prohibió absolutamente las versiones bíblicas en lenguas vulgares, sino que las reguló prudentemente para evitar abusos. Torres Amat cita esta controversia para demostrar que la censura eclesiástica no era una prohibición absoluta, sino una medida cautelar contra la interpretación errónea de las Escrituras.
  48. Se refiere a dos obras protestantes del siglo XVII. La primera es el prefacio (Præfatio) de las Anotaciones al Antiguo Testamento (Annotata ad Vetus Testamentum) de Hugo Grocio (1583–1645), jurista y teólogo holandés, cuyos comentarios bíblicos, aunque editados por personas de diferentes confesiones, fueron muy valorados por su erudición . La segunda es el prefacio (Præmonitio) de la Biblia Sacra Polyglotta (Londres, 1657) de Brian Walton (c. 1600–1661), obispo anglicano, cuya obra fue una de las más ambiciosas empresas textuales de su tiempo . Torres Amat menciona ambas para demostrar que incluso los autores protestantes más destacados, como Grocio y Walton, llegaron a apreciar la versión Vulgata latina.
  49. Benedicto XIV (Prospero Lorenzo Lambertini, 1675–1758), papa número 247 de la Iglesia Católica (1740–1758), fue uno de los pontífices más eruditos e ilustrados del siglo XVIII. Es conocido por su vasta obra teológica, canónica y pastoral, así como por su promoción de las ciencias y las artes. En el contexto de las traducciones bíblicas, Torres Amat se refiere a la constitución que este papa promulgó sobre la lectura de la Sagrada Escritura en lengua vulgar, en la que permitía las versiones con anotaciones de los Santos Padres y doctos católicos, siempre que estuvieran aprobadas por la Sede Apostólica. Este documento, junto con otros pronunciamientos pontificios, fue utilizado por Torres Amat para justificar su traducción de la Biblia al español.
  50. Se refiere a las reglas cuarta y novena del Índice de libros prohibidos (Index librorum prohibitorum). Aunque su redacción original limitaba la lectura de la Biblia en lengua vulgar, el Papa Benedicto XIV, mediante su constitución Sollicita ac provida (1753) y un decreto de la Congregación del Índice de 1757, modificó sustancialmente la Regla IV. Esta reforma permitió las traducciones de la Biblia a lenguas vulgares siempre que contaran con la aprobación de la Santa Sede y fueran publicadas con anotaciones de los Santos Padres o de autores católicos doctos, para prevenir malas interpretaciones. Estas condiciones favorecieron los proyectos de traducción bíblica, como la versión de Felipe Scio de San Miguel (1790), que Torres Amat cita y toma como modelo para la suya. El decreto del inquisidor general Felipe Bertrán, que en 1782 autorizó la lectura de la Biblia en castellano en España, se basó directamente en esta reforma de Benedicto XIV
  51. Pío VI (Giovanni Angelo Braschi, 1717–1799), papa número 250 de la Iglesia Católica (1775–1799). Su pontificado estuvo marcado por las tensiones con el galicanismo francés y el josefismo austríaco, así como por la Revolución Francesa, que culminó con la ocupación de los Estados Pontificios por las tropas napoleónicas y su propio cautiverio. En el contexto de las traducciones bíblicas, Torres Amat se refiere al breve que Pío VI dirigió a Antonio Martini (arzobispo de Florencia) en 1778, en el que elogiaba su versión italiana de la Biblia y aprobaba la lectura de las Escrituras en lengua vulgar, siempre que se hiciera con las debidas anotaciones y cautelas. Este breve fue utilizado por Torres Amat como argumento de autoridad para justificar su propia traducción al español.
  52. Antonio Martini (1720–1809), arzobispo de Florencia desde 1781 hasta su muerte, fue un destacado exégeta y traductor italiano. Es conocido por su versión italiana de la Biblia (1769-1781), traducida de la Vulgata latina, que fue elogiada por el Papa Pío VI en un breve de 1778. Su traducción, acompañada de notas de los Santos Padres, fue muy difundida y sirvió de modelo para Torres Amat. Martini, de carácter moderado y piadoso, fue también una figura importante en la vida pastoral de su diócesis durante un período de convulsiones políticas y eclesiásticas.
  53. Esdras (c. siglo V a.C.), sacerdote y escriba judío, figura clave en la restauración de la comunidad judía tras el exilio en Babilonia. Según el libro de Nehemías (caps. 8-9), reunió al pueblo en Jerusalén y leyó públicamente el Libro de la Ley durante siete días, provocando un movimiento de penitencia y reforma de costumbres. Su figura es considerada un modelo de fidelidad a la Palabra de Dios y de celo por la instrucción religiosa del pueblo. Torres Amat lo menciona como ejemplo del poder transformador de la lectura de las Escrituras.
  54. Babilonios (del acadio Bāb-ilim, "puerta de Dios") eran los habitantes de la antigua ciudad de Babilonia, en Mesopotamia, cuyo imperio, bajo Nabucodonosor II (c. 605–562 a.C.), conquistó Judá y destruyó Jerusalén y el Templo en el año 586 a.C. La élite judía fue llevada al cautiverio en Babilonia, donde permaneció unos setenta años, hasta que Ciro de Persia permitió el regreso de los exiliados (538 a.C.). Durante el exilio, los judíos estuvieron expuestos a la influencia de la cultura, religión y costumbres babilónicas, que Torres Amat menciona como una de las causas de la corrupción moral que Esdras quiso corregir con la lectura de la Ley.
  55. San Gregorio Magno (c. 540–604), papa (590–604), Padre y Doctor de la Iglesia. Su obra Moralia in Iob (Comentarios morales al libro de Job), dedicada a San Leandro de Sevilla , contiene la célebre imagen del río de la Escritura donde "el cordero puede vadear y el elefante nadar" , que Torres Amat cita para defender la accesibilidad de las Escrituras a todos los fieles.
  56. San Leandro (c. 534–c. 600), arzobispo de Sevilla, fue una de las figuras eclesiásticas más importantes de la Hispania visigoda y hermano de San Isidoro y San Fulgencio. Amigo y corresponsal del papa San Gregorio Magno, es conocido por su labor de conversión de los visigodos del arrianismo al catolicismo, y por su impulso a la unificación religiosa de la península. Gregorio Magno le dedicó su obra Moralia in Iob (Comentarios morales al libro de Job), en la que desarrolló la imagen del río de la Escritura que Torres Amat cita. Es venerado como santo por las Iglesias Católica y Ortodoxa, y su festividad se celebra el 13 de marzo.
  57. Se refiere a la carta de San Gregorio Magno que sirve de prefacio (Epistola præfixa) a su obra Moralia in Iob (Comentarios morales al libro de Job), concretamente al capítulo 4. Esta carta está dirigida a San Leandro de Sevilla, amigo y corresponsal del papa. En ella, Gregorio desarrolla la célebre imagen del río de la Escritura, donde "el cordero puede vadear y el elefante nadar", para expresar que la Biblia contiene verdades accesibles a los sencillos y misterios profundos para los doctos. La edición citada por Torres Amat es la veneciana de 1768 (en 18 tomos), una de las muchas ediciones de las obras de Gregorio Magno publicadas en Europa durante los siglos XVII y XVIII.
  58. San Agustín de Hipona (354–430), Padre y Doctor de la Iglesia, uno de los más influyentes pensadores cristianos de la antigüedad. Es autor de obras fundamentales como las Confesiones, La Ciudad de Dios y De doctrina christiana. Torres Amat cita su célebre afirmación: "Al Evangelio no le creería yo si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia" (Contra epistulam Manichaei quam vocant fundamenti, 5, 6), para defender la necesidad de la autoridad eclesiástica en la interpretación de las Escrituras. Agustín también reflexionó sobre la traducción de la Biblia en su obra De doctrina christiana, donde defendía la Itala como la versión latina más fiel. Su pensamiento marcó profundamente la teología occidental, especialmente en temas como la gracia, el pecado original y la Trinidad.
  59. Papa San Dámaso I (c. 305–384), papa de la Iglesia Católica entre 366 y 384. Fue el pontífice que encargó a San Jerónimo la revisión de los textos latinos de los Evangelios, que daría origen a la Vulgata. Este encargo, realizado hacia el año 382, buscaba unificar y corregir las numerosas y dispares traducciones latinas existentes en aquella época, conocidas como Vetus Latina. Aunque la labor de Jerónimo se extendió mucho más allá, la autoridad de Dámaso fue fundamental para iniciar este proyecto que se convertiría en la versión bíblica oficial de la Iglesia Católica.
  60. Lucinio (o Lucenio) fue un rico hispanorromano de la Bética (provincia romana que abarcaba el sur de la actual España, aproximadamente la actual Andalucía) que vivió a finales del siglo IV. Aunque en la cita de Torres Amat se le menciona como "Obispo", las fuentes primarias lo describen como un laico piadoso que, junto con su esposa Teodora, había hecho voto de continencia . Es conocido principalmente por su intenso interés en el estudio de las Escrituras, lo que le llevó a enviar en el año 397 a varios escribas a Belén para que copiaran las obras principales de San Jerónimo. A su regreso, Jerónimo les confió la Carta 71 (año 398), en la que describe los libros que les envía, y le anima a visitar Tierra Santa .
  61. Esta abreviatura remite al tratado De Viris Illustribus (Sobre los Varones Ilustres) de San Jerónimo, escrito hacia el año 392. Es una obra de historia literaria cristiana que contiene breves biografías de 135 autores eclesiásticos, desde San Pedro hasta el mismo Jerónimo. En este catálogo, Jerónimo menciona a Lucinio de la Bética y explica que este envió seis notarios (escribas profesionales o amanuenses) a Belén para que copiasen sus obras, una labor de copia que utilizó correctamente Torres Amat para ejemplificar la rápida difusión de la nueva traducción de la Vulgata entre las iglesias hispanas.
  62. Estas son las distintas denominaciones que recibió la versión latina de la Biblia anterior a la de San Jerónimo, conocida como Vetus Latina o Antigua Vulgata. San Agustín la llamó Itala por considerarla la más fiel y clara entre las muchas versiones latinas existentes. San Jerónimo, que la criticaba por sus errores y variantes, la llamaba Común o Vulgata (de vulgata editio, "edición de uso común"), aunque después este nombre pasó a designar su propia traducción. San Gregorio Magno la denominó Antigua para distinguirla de la de Jerónimo. Orosio (c. 383–c. 420), presbítero e historiador hispano, discípulo de San Agustín y autor de las Historiae adversus paganos, la llamó también Vulgata en el sentido de "común" o "de uso general". Torres Amat explica esta evolución terminológica para aclarar la relación entre ambas versiones latinas y el origen de la Vulgata que el Concilio de Trento declaró auténtica.
  63. Vetus Latina (en latín, "Latina antigua") o Antigua Vulgata es el nombre que recibe el conjunto de traducciones de la Biblia al latín que circulaban en la Iglesia occidental antes de la traducción de San Jerónimo (finales del siglo IV). Estas versiones, traducidas principalmente del griego de la Septuaginta para el Antiguo Testamento y de textos griegos para el Nuevo, presentaban numerosas variantes y errores debido a su origen diverso y a las sucesivas copias. Recibió distintos nombres según los autores: San Agustín la llamó Itala por considerarla la más fiel; San Jerónimo, que la criticaba, la llamó Común o Vulgata; San Gregorio Magno, Antigua; y Orosio, también Vulgata. El Concilio de Trento, al declarar auténtica la Vulgata, se refería a la versión que resultó de la fusión de la obra de Jerónimo y la antigua tradición latina, no a la Vetus Latina en estado puro.
  64. Se refiere al canon 2 de la sesión IV del Concilio de Trento, celebrada el 8 de abril de 1546. En este decreto, titulado Decretum de canonicis Scripturis, el Concilio declaró la Vulgata como la versión auténtica de la Sagrada Escritura para la Iglesia latina, estableciendo que debía ser tenida por auténtica en lecturas públicas, disputas, sermones y explicaciones teológicas, y prohibiendo que nadie la desechara bajo ningún pretexto. El canon, como parte de la doctrina tridentina, estaba dirigido a afirmar la autoridad de la Vulgata frente a las críticas protestantes y las versiones reformistas.
  65. El Papa Sixto V (1521–1590) encargó y promulgó en 1590 una edición oficial de la Vulgata, conocida como Vulgata Sixtina . Sin embargo, esta edición resultó ser muy problemática desde el punto de vista textual y fue retirada poco después de su publicación, siendo reemplazada por la revisión de su sucesor, Clemente VIII, en 1592, que dio lugar a la Vulgata Sixto-Clementina , la cual permaneció como la versión latina oficial de la Iglesia Católica hasta el siglo XX . En la edición de 1590, que Torres Amat cita para mencionar la bula papal que la acompañaba, se observan estas dificultades iniciales que llevaron a su pronta sustitución .
  66. Clemente VIII (Ippolito Aldobrandini, 1536–1605), papa número 231 de la Iglesia Católica (1592–1605). Es conocido por haber promulgado la edición revisada de la Vulgata que lleva su nombre, conocida como la Vulgata Sixto-Clementina o Clementina. Esta edición fue publicada en 1592, después de que la Vulgata Sixtina de 1590, promulgada por su predecesor Sixto V, presentara graves problemas textuales. Clemente VIII ordenó retirar las copias de la edición sixtina y encargó una nueva revisión, que fue preparada por una comisión de cardenales y eruditos, entre ellos el cardenal Roberto Belarmino, quien redactó el prólogo. La edición clementina, impresa por la Tipografía Apostólica Vaticana, se convirtió en la versión oficial de la Vulgata para la Iglesia Católica hasta el siglo XX, cuando fue reemplazada por la Nova Vulgata en 1979
  67. Con esta indicación, Torres Amat remite al lector a las obras de dos autores católicos que defendieron la autenticidad de la Vulgata, pero admitiendo la posibilidad de correcciones menores. Lucas Burg. hace referencia a Lucas de Burgos (¿Luis de León? o un autor de la escuela de Salamanca), o más probablemente a Lucas de Brugge (Lucas Brugensis, 1525–1600), teólogo y exégeta flamenco, autor de Notationes in Sacra Biblia (1580), quien defendió la autoridad de la Vulgata pero reconoció que podía admitir mejoras textuales sin menoscabo de su autenticidad. Belarm. se refiere a San Roberto Belarmino (1542–1621), cardenal jesuita, quien en sus Disputationes de controversiis christianae fidei (1581-1593) sostuvo que, aunque la Vulgata es auténtica en lo que pertenece a la fe y las costumbres, no está exenta de defectos gramaticales o de copia que pueden ser corregidos. Torres Amat cita ambos autores para demostrar que la declaración tridentina no implica inerrancia absoluta en cada palabra, sino en el sentido doctrinal. La abreviatura etc. indica que hay otros autores que podrían añadirse a esta lista.
  68. La expresión latina significa "debe tenerse por auténtica en lo que pertenece a la fe y a las costumbres". Se refiere a la declaración del Concilio de Trento (sesión IV, 1546) sobre la Vulgata. La fórmula implica que la autenticidad de la Vulgata no es absoluta ni literal, sino que se extiende a la doctrina de fe y moral, sin exigir inerrancia en partículas gramaticales, puntuación o detalles menores de copia. Torres Amat la cita para defender su criterio de introducir correcciones o mejoras en la traducción, apoyándose en que el Concilio no pretendió declarar la Vulgata perfecta en cada palabra, sino segura en lo sustancial de la fe y las costumbres. Esta distinción fue utilizada por los traductores católicos posteriores al Concilio para justificar sus versiones en lenguas vulgares, dentro del respeto debido al texto latino oficial.
  69. Torres Amat cita a dos destacados teólogos españoles que participaron en el Concilio de Trento. Andrés de Vega (c. 1498–1560), franciscano, profesor en la Universidad de Salamanca y teólogo imperial de Carlos V, defendió en su obra De iustificatione (libro XV, capítulo 9) la autoridad de los textos originales hebreo y griego frente a las versiones latinas, afirmando que la autenticidad de la Vulgata no derogaba la de aquellos. Alfonso Salmerón (1515–1585), jesuita y uno de los primeros compañeros de San Ignacio de Loyola, fue teólogo papal en Trento y autor de comentarios a los Evangelios. En el prólogo (Prológus) III de sus Commentarii in Evangelios, sostuvo que los originales hebreo y griego conservan su autoridad intrínseca, y que la declaración tridentina sobre la Vulgata no pretendía equipararla ni sustituirlos. Torres Amat utiliza esta cita para reivindicar el uso de los textos originales como auxilio para aclarar y mejorar la traducción castellana de la Vulgata, siguiendo la doctrina de estos padres conciliares españoles.
  70. Se refiere al libro II, capítulo 2, de la obra De Verbo Dei (Sobre la Palabra de Dios), que forma parte de las Disputationes de controversiis christianae fidei (1581-1593) de San Roberto Belarmino. En este capítulo, el cardenal jesuita desarrolla la doctrina sobre la autenticidad de la Vulgata, defendiendo que el Concilio de Trento, al declararla auténtica, no pretendió equipararla a los originales hebreo y griego, ni afirmar su inerrancia absoluta en cada palabra, sino establecerla como la versión segura y oficial para la Iglesia latina en lo tocante a la fe y las costumbres. Belarmino sostiene que la Vulgata es authentica en el sentido de que no contiene error doctrinal, pero admite que puede tener defectos de copia o traducción que no afectan a la sustancia de la fe. Esta distinción es la que Torres Amat utiliza para justificar su labor de cotejo y mejora de la versión castellana.
  71. Torres Amat enumera aquí a los principales escritores místicos y ascéticos del Siglo de Oro español que utilizó como fuente para su traducción. Los tres Luises son Fray Luis de Granada (1504–1588), Fray Luis de León (1527–1591) y el P. Luis de la Puente (1554–1624). Los dos Alonsos son el P. Alonso Rodríguez (1526–1616), autor de los Ejercicios de perfección y virtudes cristianas, y el P. Alonso de Orozco (1500–1591), agustino y predicador. Completan la lista Santa Teresa de Jesús (1515–1582), San Juan de la Cruz (1542–1591), Fray Diego de Estella (1524–1578), el P. Pedro de Rivadeneyra (1527–1611), el P. Juan de Márquez (1565–1621), el P. Pedro Malón de Chaide (1530–1589), el P. Francisco de Cáceres (s. XVI), y el maestro Fray Juan de Soto (c. 1500–1563). La mención de estas autoridades literarias y espirituales buscaba dotar a su traducción de la legitimidad de la tradición ascética española, demostrando que su versión se apoyaba en la mejor prosa castellana del siglo XVI, de la cual extrajo, según afirma, casi dos tercios del texto bíblico. El recurso a estos autores, especialmente a Fray Luis de Granada y Fray Luis de León, era también una estrategia retórica para defender la validez y ortodoxia de su proyecto.
  72. El "venerable Granada" es Fray Luis de Granada (1504–1588), dominico español, uno de los más grandes oradores y escritores místicos del Siglo de Oro. Es autor de obras fundamentales de la espiritualidad cristiana como la Guía de pecadores, el Libro de la oración y meditación y el Memorial de la vida cristiana. Torres Amat lo cita con frecuencia como uno de sus principales modelos de estilo y traducción de pasajes bíblicos, pues consideraba que su prosa, fiel a la Vulgata pero de elegante y clara expresión castellana, era un referente insuperable para la traducción literal de las Escrituras. La calificación de "venerable" es un tratamiento honorífico que refleja la gran estima que su figura inspiraba en la España del siglo XIX.
  73. Se refiere al dominico Fray Diego Fernández (fl. c. 1800), autor de la Traducción literal del Salterio al idioma castellano (Segovia, 1801), compuesta principalmente con los versos traducidos por Fray Luis de Granada en sus obras. Torres Amat menciona este Salterio como ejemplo del método que él mismo utilizó para su versión de la Biblia, es decir, tomar como base las traducciones de los autores del Siglo de Oro y completarlas con su propio trabajo. La obra de Fernández es testimonio del interés por la lectura bíblica en lengua vulgar que se desarrolló en España a finales del siglo XVIII y principios del XIX, dentro de los límites de la ortodoxia católica.
  74. Yosseph Franco Serrano (1652–1695) fue un rabino y profesor de la comunidad sefardí de Ámsterdam, conocido por su traducción del Pentateuco al español. Su obra, titulada Los cinco libros de la Sacra Ley, se publicó en Ámsterdam en 1695 (año hebreo 5455) por el impresor Mosseh Dias. A diferencia de la Biblia de Ferrara (1553), que seguía un estilo muy apegado a la sintaxis hebrea, la versión de Serrano es una traducción modernizada, con palabras añadidas y anotaciones marginales basadas en el Talmud y los principales comentaristas rabínicos, para facilitar su comprensión. Torres Amat, que cita esta obra como una de las versiones que consultó para su trabajo, valoró su claridad y su adaptación al genio de la lengua española, en contraste con la excesiva literalidad de la Biblia de Ferrara mencionada anteriormente.
  75. Mosseh Dias (o Moisés Ben Israel Dias), impresor judío sefardí activo en Ámsterdam a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Publicó diversas obras en ladino (judeoespañol) para las comunidades sefardíes de la diáspora, entre ellas la traducción del Pentateuco por Yosseph Franco Serrano. El taller de los Dias era conocido por su alta calidad tipográfica, comparable a la de los grandes impresores judíos de la época, como los Athias o los Manasseh. La producción de estas imprentas, que publicaban Biblias y libros litúrgicos en español y portugués, fue fundamental para la difusión y preservación de la tradición cultural de los judíos sefardíes. La mención de este impresor en el texto de Torres Amat refleja el amplio uso de obras judías en castellano para la preparación de su traducción, algo notable dada la censura de la Inquisición, pero permitido por ser versiones puramente literales y en una tradición exegética antigua.
  76. Isaac de Acosta (o Yshak de Acosta; m. 1728) fue un rabino y exégeta sefardí, activo en las comunidades judías del suroeste de Francia (Peyrehorade y Bayona) . Es conocido por su obra principal Conjeturas sagradas sobre los Prophetas primeros (Leyden, 1722), que contiene una nueva traducción y paráfrasis en español de los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes . Torres Amat menciona esta traducción, publicada por Thomas van Ge'el, como una de las versiones consultadas para su trabajo, valorando su claridad y adaptación al genio del idioma español, al igual que la de Yosseph Franco Serrano.
  77. MThomás Van-Gelel (o Thomas van Geel) fue un impresor y librero activo en Leiden (Países Bajos) durante el siglo XVIII. Publicó, entre otras obras, la traducción al español de los libros históricos del Antiguo Testamento realizada por Isaac de Acosta, que salió de su taller en 1722. No se dispone de más datos biográficos precisos sobre su vida más allá de su actividad editorial.
  78. D. Ignacio Guerea, traductor español de finales del siglo XVIII, autor de varias traducciones de la Vulgata al castellano, entre ellas Los quatro sagrados libros de los Reyes (1788) y Los dos sagrados libros de los Macabeos (1790) , además de El libro de los hechos de los Apóstoles (1786) . Torres Amat lo menciona como una de las versiones consultadas para su trabajo, junto con otras traducciones castellanas del Antiguo Testamento.
  79. El "P. Petite" al que se refiere Torres Amat es el Rvdo. P. M. Fr. Anselmo Petite (c. 1730-1798), monje benedictino español, exabad del monasterio de San Millán de la Cogolla y definidor mayor de su orden. Es conocido por su traducción de Los Santos Evangelios al castellano, publicada en la Imprenta Real de Madrid a partir de 1788, con varias ediciones posteriores, incluyendo una cuarta en 1789 y reediciones en el siglo XIX . Su obra, que incluía notas de los Santos Padres y expositores sagrados, fue valorada por su fidelidad y claridad, y sirvió como fuente de consulta para Torres Amat en su propia versión de la Biblia . El hecho de que esta traducción se reimprimiera en numerosas ocasiones a lo largo del siglo XIX demuestra su popularidad y uso continuado entre los fieles y estudiosos de la época .
  80. La "paráfrasis de las Epístolas de S. Pablo por Jiménez" se refiere muy probablemente a la obra del jesuita Juan Jiménez (¿c. 1740-1800?), quien elaboró una traducción y paráfrasis de las epístolas paulinas. En la España de la segunda mitad del siglo XVIII, hubo varios proyectos para ofrecer versiones de los libros sagrados en castellano, como las traducciones de las Epístolas de San Pablo que se publicaron en 1796 . Estas obras buscaban acercar el texto de la Vulgata a los fieles, a menudo enriqueciéndolo con paráfrasis y comentarios para hacerlo más comprensible, siguiendo las directrices de Benedicto XIV. Torres Amat, que estaba recopilando versiones en castellano de la Escritura, especialmente del siglo XVI, menciona esta paráfrasis como una de las obras consultadas para su propia traducción.
  81. La obra del jesuita Ángel Sánchez Aljofrín (1727–1803), titulada Traducción de los quatro libros sapienciales de la Sagrada Escritura (Madrid, 1785-1786) . Se trata de una traducción en rima castellana, en verso, de los libros de Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico, publicada tras el decreto de 1782 que permitió las versiones bíblicas en lengua vulgar . Torres Amat la menciona en su Discurso preliminar como una de las traducciones que consultó para su trabajo.
  82. Esta es la Biblia Valenciana (1478), primera Biblia impresa en catalán/valenciano y cuarta del mundo. Fue traducida de la Vulgata por Bonifacio Ferrer (c. 1355-1417), monje cartujo, Doctor en ambos derechos y en Teología, y hermano de San Vicente Ferrer . Su título de Micer (del latín Magister) era el tratamiento honorífico para doctores en leyes en la Corona de Aragón. La obra, impresa por Alfonso Fernández de Córdoba y Lambert Palmart entre 1477-1478 en Valencia, fue casi completamente destruida por la Inquisición en 1498 por estar en lengua vulgar; solo se conserva una hoja del Apocalipsis en la Hispanic Society de Nueva York . El testimonio de Torres Amat es valioso porque confirma la tradición y el interés por las versiones bíblicas en lenguas romances en la Corona de Aragón antes de la prohibición inquisitorial.
  83. Jaume Borrell (o Jaime Borrell), maestro en Sagrada Teología por la orden de los dominicos (orde de pricadors) e inquisidor en el reino de Valencia . Fue el encargado de la corrección, vista y reconocimiento de la traducción de la Biblia realizada por Bonifacio Ferrer, labor previa a su impresión en 1478 por Alfonso Fernández de Córdoba y Lambert Palmart . En el colofón de la edición se indica que el texto fue "diligentment corregida, vista e reconeguda" por Borrell, quien actuaba en su calidad de inquisidor antes de que la obra fuera finalmente condenada y destruida por la Inquisición en 1498
  84. La cartuja de Portaceli (en latín, Porta Coeli, "Puerta del Cielo") fue un monasterio de la orden de los cartujos situado en el término municipal de Serra (Valencia), fundado en 1272 por el obispo dominico Andreu d'Albalat, confesor del rey Jaime I. Fue la primera cartuja fundada en el Reino de Valencia y la tercera de la Corona de Aragón. Bonifacio Ferrer fue prior de esta cartuja y también llegó a superior de la orden. Su importancia histórica y cultural queda patente al ser declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 2006. Tras la desamortización de Mendizábal en 1835, la cartuja fue exclaustrada y subastada. En 1944, los monjes cartujos regresaron al monasterio, que permanece habitado por una comunidad viva que continúa el carisma de San Bruno en la actualidad
  85. Se refiere a la invasión napoleónica de España, que dio inicio a la Guerra de la Independencia (1808–1814). La cartuja de Portaceli fue saqueada por las tropas francesas durante este conflicto, y sus monjes se vieron obligados a abandonarla en 1809, como consecuencia de la supresión de los conventos por el gobierno de José Bonaparte. Este contexto de inestabilidad y destrucción de archivos explica la pérdida de muchos documentos y obras de arte que Torres Amat lamenta, como la hoja final de la Biblia valenciana de Bonifacio Ferrer que se conservaba en Portaceli.
  86. San Vicente Ferrer (c. 1350–1419), dominico valenciano, célebre predicador conocido como el "Ángel del Apocalipsis" por su insistencia en el Juicio Final . Recorrió a pie gran parte de Europa occidental (España, Francia, Italia, Suiza) durante los últimos veinte años de su vida, predicando en plazas y campos abiertos ante multitudes de hasta 15.000 personas . Intervino en el Compromiso de Caspe (1412) para resolver la sucesión de la Corona de Aragón , y participó activamente en el proceso que puso fin al Cisma de Occidente, anunciando en 1416 la retirada de obediencia al Papa Luna . Fue canonizado por el Papa Calixto III en 1455 . Es hermano de Bonifacio Ferrer, traductor de la Biblia valenciana mencionada en el texto.
  87. El padre Jaime Caresmar (o Jaume Caresmar, c. 1717-1791) fue un canónigo premonstratense y abad del monasterio de Santa María de Bellpuig de las Avellanas, que se convirtió en una de las figuras más destacadas de la erudición histórica y eclesiástica de la Cataluña ilustrada. Su fama se debe a la ingente labor de recopilación, copia y ordenación de documentos antiguos que realizó durante décadas, especialmente en el archivo de la Catedral de Barcelona, donde trabajó durante dieciséis años y redactó ocho volúmenes con miles de documentos que abarcaban desde el año 800 hasta 1668. Sus manuscritos, valorados por Torres Amat como "preciosos", incluían también una ambiciosa Bibliotheca Scriptorum Cathalanorum, una vasta colección de biografías de escritores catalanes que fue fundamental para los posteriores diccionarios de autores catalanes, incluido el propio de Torres Amat. Sin embargo, la mayoría de estos manuscritos sufrieron un destino azaroso: durante la invasión francesa de 1808 y especialmente tras la exclaustración de 1835, muchos se perdieron, se dispersaron o fueron destruidos; otros, como los que menciona el propio Torres Amat en su texto, se salvaron milagrosamente y hoy se conservan en diversas instituciones como la Biblioteca de Cataluña, el Archivo Capitular de Barcelona, la Real Academia de la Historia de Madrid y el propio monasterio de Bellpuig
  88. Pedro de Marca (en francés, Pierre de Marca, 1594–1662), eclesiástico, historiador y estadista francés . Nacido en Gan (Bearne), estudió derecho en Toulouse y fue presidente del Parlamento de Pau antes de ordenarse sacerdote . Fue obispo de Couserans (1642), arzobispo de Toulouse (1652) y finalmente arzobispo de París en 1662, cargo que ocupó solo 24 días antes de fallecer . Es mencionado por Torres Amat porque, durante su estancia en Barcelona como visitador general eclesiástico (1644–1651), reunió una valiosa colección de manuscritos catalanes, entre ellos una Biblia en lengua catalana del siglo XII que posteriormente trasladó a la Biblioteca Real de París.Es también autor de la Marca Hispanica (1688), obra fundamental para la historia de Cataluña
  89. La Bibliothèque du Roi (Biblioteca del Rey), fundada en 1368 por Carlos V en el Louvre, es el origen de la actual Biblioteca Nacional de Francia (BnF). En 1537, Francisco I estableció mediante ordenanza el depósito legal de todas las obras impresas en el reino. Fue trasladada a la calle Richelieu en 1721 y abierta al público por primera vez en 1692. Durante la Revolución Francesa pasó a denominarse Biblioteca Nacional. La mención de Torres Amat se refiere a esta institución, donde se conservaban manuscritos catalanes reunidos por Pedro de Marca, entre ellos la Biblia catalana del siglo XII que menciona en su texto.
  90. Un códice (del latín codex, "libro") es un manuscrito antiguo encuadernado en forma de libro, a diferencia de los rollos de papiro. En el contexto de la Biblia, los códices son testimonios textuales fundamentales para la crítica y la historia de la transmisión del texto bíblico. El término se refiere tanto a manuscritos completos como a fragmentos. Torres Amat utiliza la palabra para designar la Biblia catalana del siglo XII que se encontraba en la Biblioteca Real de París, así como otros manuscritos de la catedral de Sevilla y de la Biblioteca Real de Madrid.
  91. La vitela es un material de escritura de alta calidad, elaborado a partir de piel de animales jóvenes (terneros, corderos o cabritos), tratada para obtener una superficie lisa, fina y duradera. En la Edad Media y el Renacimiento, era el soporte más apreciado para los manuscritos de lujo, por su blancura, resistencia y durabilidad, superior al pergamino común, que se hacía con pieles de animales adultos. Un fragmento en "fina vitela" indica, por tanto, que se trata de un manuscrito de gran calidad y probablemente destinado a un uso litúrgico o a una biblioteca de alto rango
  92. Pablo Sichar Ruata (1751–1831), obispo de Barcelona (1808–1831) y una figura clave en el contexto eclesiástico español de la época . Fue protector de la Biblioteca Pública Episcopal de Barcelona, en cuyo seno Torres Amat trabajaba, y le brindó su apoyo para la formación del Museo y Biblioteca Catalanes mencionados en el texto. Su labor como obispo estuvo marcada por el período de la Guerra de la Independencia, su oposición a la dominación francesa y su participación en las Cortes de Cádiz como diputado por Aragón . Durante el Trienio Liberal (1820-1823), aunque inicialmente juró la Constitución y exhortó a los fieles a aceptarla, fue perseguido por los liberales radicales, lo que le obligó a huir de Barcelona . Restaurado en su diócesis tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis (1823), adoptó una postura conservadora . Como se menciona en el texto, Torres Amat tenía una deuda de gratitud con él por el apoyo brindado a sus proyectos culturales y por la creación de la Biblioteca Pública Episcopal de Barcelona .
  93. Nicolás Rodríguez Laso (1747–1820) fue un eclesiástico español que ocupó el cargo de inquisidor en los tribunales de Barcelona y Valencia a principios del siglo XIX . Como inquisidor decano del tribunal de Valencia entre 1814 y 1820, su figura representa los últimos años de la Inquisición española antes de su abolición definitiva en 1834 . Su perfil se enmarca dentro del sector ilustrado de la Iglesia, un hecho que probablemente facilitó que Torres Amat, con quien colaboraba en proyectos culturales, tuviera acceso a las informaciones sobre la Biblia catalana que menciona en su texto.
  94. Don Ignacio Torres y Amat de Palou (1768-1811) fue un eclesiástico y erudito catalán, hermano del traductor de esta Biblia, Félix Torres Amat . Como su hermano, fue una figura clave en el mundo cultural barcelonés de finales del siglo XVIII. Fue catedrático de filosofía y, entre 1795 y 1807, ocupó el cargo de bibliotecario de la Biblioteca Pública Episcopal de Barcelona, donde comenzó a reunir materiales para un proyectado diccionario de autores catalanes . En 1807 fue nombrado deán de la catedral de Gerona, dignidad que menciona el texto, pero a raíz de la invasión francesa huyó de la ciudad y se dedicó a organizar hospitales de guerra durante la Guerra de la Independencia . Tras su temprana muerte en 1811, su hermano Félix aprovechó los materiales que había reunido para publicar en 1836 las Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de los escritores catalanes . Junto con su hermano y su tío, el arzobispo Félix Amat, reunió una importante biblioteca, cuyo fondo se conserva hoy en la Biblioteca de Catalunya .
  95. El deán (del latín decanus) es el miembro del cabildo catedralicio que ejerce la máxima autoridad después del obispo, presidiendo el coro y la congregación capitular. Como "dignidad" (cargo honorífico y de autoridad dentro del cabildo), el deán tiene entre sus funciones presidir las reuniones del cabildo en ausencia del obispo, supervisar la disciplina del clero catedralicio y, en algunas diócesis, actuar como vicario general del obispo. El cargo existía ya en la Iglesia primitiva, cuando el deán era el encargado de supervisar a los demás diáconos en la administración de los bienes de la Iglesia y en la asistencia a los necesitados.
  96. Se refiere al mismo Joan Roís de Corella (c. 1435–1497), escritor y teólogo valenciano, ya mencionado en la nota anterior. Torres Amat, al llamarlo reverent mestre, utiliza el tratamiento honorífico que correspondía a su condición de maestro en teología y clérigo. El Psalteri mencionado es la traducción al catalán/valenciano de los Salmos que Corella realizó a partir de la Vulgata latina. Esta versión fue impresa en Venecia en 1490 por Juan Herterog, con correcciones de Johan Ferrando de Guevara, y es uno de los testimonios de las traducciones bíblicas en lenguas romances previas a la Contrarreforma.
  97. Juan Ferrando de Guevara, clérigo (Preveré o Presbítero), fue el corrector de la edición del Salterio de Joan Roís de Corella impresa en Venecia en 1490 por el alemán Juan Herterog . Su papel en la preparación de esta edición incunable queda atestiguado en el colofón de la obra. Aunque no se disponen de más datos biográficos, su intervención como corrector demuestra la importancia de la circulación de textos bíblicos en lenguas romances en el ámbito hispánico durante el siglo XV .
  98. Johan Hertezog (también documentado como Johannes Herbort o Johann Herbort de Seligenstadt) fue un impresor alemán activo en el norte de Italia durante el siglo XV . Comenzó su carrera en Padua alrededor de 1475 y se trasladó a Venecia en 1481, donde se convirtió en uno de los tipógrafos más importantes de la ciudad . En la capital veneciana, publicó al menos tres ediciones de la Biblia Vulgata latina, incluyendo una de gran formato en 1483 . En su taller, se imprimió en 1490 el Psalteri de Joan Roís de Corella, la traducción al catalán/valenciano de los Salmos mencionada por Torres Amat .
  99. Anfibología (del griego amphíbolos, "ambiguo" o "equívoco") es una figura retórica que consiste en la ambigüedad o doble sentido de una expresión, derivada de su construcción gramatical o sintáctica. En el contexto de la traducción bíblica, Torres Amat utiliza el término para referirse a las frases o pasajes de la Vulgata que, por la diferencia entre la sintaxis latina y la castellana, pueden prestarse a interpretaciones diversas o confusas.
  100. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, fundado por Felipe II en 1563, es uno de los complejos arquitectónicos más importantes del Renacimiento español. Su Real Biblioteca, inaugurada en 1575, fue concebida por el monarca como una de las grandes bibliotecas de Europa . Organizada por Benito Arias Montano y primeramente catalogada por el padre José de Sigüenza, llegó a reunir miles de volúmenes y manuscritos de gran valor, incluyendo colecciones de textos bíblicos en hebreo, griego, latín y lenguas romances . En el contexto de la obra de Torres Amat, la biblioteca del Escorial custodiaba importantes manuscritos bíblicos y versiones romanceadas de la Escritura, algunas de las cuales, pese a estar prohibidas por la Inquisición, se conservaron en sus estanterías para uso de los eruditos.
  101. En el contexto de la traducción bíblica, una versión literal (o traducción literal) es aquella que pretende reproducir el texto original palabra por palabra o lo más cerca posible de su estructura gramatical, mientras que una versión parafrástica (o paráfrasis) consiste en una explicación o reelaboración del contenido del texto bíblico con mayor libertad, ampliando o aclarando el sentido sin traducir estrictamente las palabras. Torres Amat se alinea con la tradición católica postridentina que daba preferencia a las versiones literales para el uso del común de los fieles, siguiendo la autoridad de San Jerónimo. Sin embargo, el autor matiza esta preferencia distinguiendo entre una literalidad "gramatical o esclava" y una "libre o racional", abogando por un término medio que respete el sentido y la claridad sin caer en paráfrasis. La adopción de la literalidad como método garantizaba la fidelidad al texto de la Vulgata, pero la necesidad de salvar las diferencias entre el latín y el castellano le obligaba a recurrir a ciertas libertades para evitar anfibologías y oscuridades. Como justificación última, Torres Amat acude a la autoridad de San Jerónimo y al ejemplo de los traductores de la Septuaginta, que usaron una "justa y racional libertad" para trasladar al griego el sentido del hebreo. La propuesta de Torres Amat supone una "vía media" entre el rigor literal y la paráfrasis.
  102. Se trata de la Epístola 57 (o 101 en otra numeración) de San Jerónimo, dirigida a su amigo Pammachio, titulada De optimo genere interpretandi (Sobre el mejor género de traducir) y escrita hacia el año 395 d.C.. En el capítulo 2 de esta carta, Jerónimo narra cómo, a petición de Eusebio de Cremona, tradujo al latín una carta del obispo Epifanio dirigida a Juan de Jerusalén; dicha traducción fue sustraída y divulgada sin su consentimiento, lo que le valió críticas por parte de sus detractores, quienes lo acusaban de no haber traducido palabra por palabra. Jerónimo se defiende estableciendo el principio de que, fuera de las Sagradas Escrituras (donde hasta el orden de las palabras encierra un misterio), no debe traducirse verbum e verbo (palabra por palabra), sino sensum de sensu (sentido por sentido). Torres Amat cita esta carta para justificar su propio criterio de traducción, que busca un equilibrio entre la fidelidad literal y la claridad en lengua castellana.
  103. Se refiere al libro IV, capítulo 20, de la obra De doctrina christiana (Sobre la doctrina cristiana) de San Agustín (354-430), compuesta entre el 397 y el 426 d.C. En este libro, dedicado a la oratoria sagrada, Agustín analiza la relación entre la sabiduría cristiana, la elocuencia y el arte de la predicación. En el capítulo 20, el santo trata la conveniencia de que el predicador cristiano emplee la elocuencia al servicio de la verdad, argumentando que la retórica, aunque pueda usarse para el mal, debe ponerse al servicio de la sabiduría para enseñar y persuadir a los fieles. Torres Amat cita este pasaje para apoyar su idea de que, aunque se debe priorizar la fidelidad literal en la traducción de la Escritura, también se puede buscar la claridad y fluidez del lenguaje, siempre que no se altere el sentido, siguiendo el principio agustiniano de que la elocuencia debe servir a la verdad y no oscurecerla.
  104. Fray Luis de León (1527–1591) fue un poeta, humanista y teólogo agustino español, figura cumbre de la literatura del Siglo de Oro y miembro destacado de la Escuela de Salamanca . Fue un profundo conocedor de las lenguas clásicas (hebreo, griego y latín), lo que le permitió traducir al castellano y comentar textos bíblicos como el Cantar de los Cantares y el Libro de Job . Precisamente por estas traducciones, y por su defensa de la enseñanza del hebreo, fue denunciado ante la Inquisición en 1572, acusado de menospreciar la Vulgata y de judaizar. Estuvo encarcelado durante casi cinco años, hasta que en 1576 fue absuelto de todos los cargos . Tras su liberación, retomó su cátedra en la Universidad de Salamanca y publicó sus obras maestras: De los nombres de Cristo (1583) y La perfecta casada (1583) . Su obra poética, publicada póstumamente, es considerada el mejor exponente de la poesía mística y clásica española . Torres Amat lo menciona como uno de los autores del siglo XVI cuyas traducciones bíblicas consultó para su versión de la Biblia.
  105. Santo Tomás de Aquino (c. 1225–1274), en sus Cuestiones quodlibetales (III, art. 10), establece el principio de que cuando los Doctores de la Iglesia discrepan en materias que no afectan a la fe ni a las costumbres, los fieles pueden seguir libremente una u otra opinión, sin peligro para su salvación. Apoya esta conclusión en la enseñanza de San Pablo en la Epístola a los Romanos (14, 5): Unusquisque in suo sensu abundet ("Cada cual siga su propio parecer" o "esté plenamente convencido en su propia mente"). Este principio de opinio libera (opinión libre) era común en la teología escolástica y servía para distinguir entre verdades de fe (obligatorias) y opiniones teológicas (discutibles). Torres Amat lo invoca para justificar su libertad a la hora de elegir entre distintas interpretaciones de la Vulgata y de los textos originales, siempre que no se aparte de la doctrina católica. El recurso a Santo Tomás era una forma de legitimar su labor como traductor dentro de los márgenes de la ortodoxia.
  106. "Nunca me he tenido a mí mismo como maestro", frase de San Jerónimo que refleja su humildad intelectual y su dependencia de la tradición y la autoridad eclesiástica. Torres Amat la cita para mostrar su propio respeto hacia los Santos Padres y su rechazo a la interpretación privada de la Escritura, alineándose con la doctrina católica que subordina la exégesis individual al magisterio de la Iglesia.
  107. Se refiere al decreto de la Sagrada Congregación del Índice, aprobado por el Papa Benedicto XIV el 13 de junio de 1757, que modificó sustancialmente la Regla IV del Índice de libros prohibidos. Este decreto permitía la publicación y lectura de traducciones de la Biblia en lenguas vulgares, siempre que se hicieran de la Vulgata latina, estuvieran aprobadas por la Santa Sede y fueran acompañadas de notas de los Santos Padres o de autores católicos doctos que explicaran los pasajes más difíciles . La Inquisición española, sin embargo, no aplicó esta disposición hasta veinticinco años después, mediante el decreto del Inquisidor General Felipe Bertrán del 20 de diciembre de 1782 . Torres Amat invoca este decreto para demostrar que la Iglesia no solo permitía, sino que fomentaba la lectura de las Escrituras en lengua vulgar bajo ciertas condiciones, legitimando así su propia traducción.
  108. La "división del aparte" se refiere a la separación del texto en párrafos o secciones, que los editores de la Biblia marcaban con letras capitales, sangrías o signos especiales dentro de cada capítulo, para indicar cambios de tema o unidad de sentido. Esta división, que se había generalizado en las ediciones bíblicas desde el siglo XVI, se distingue de los capítulos (introducidos por Stephen Langton en el siglo XIII) y de los versículos (introducidos por Robert Estienne en 1551). Torres Amat consideró suprimir estos apartes, porque le parecía que la numeración de los versículos era suficiente para localizar cualquier pasaje. Sin embargo, tras consultarlo con personas de juicio, decidió mantenerlos, porque "parece que da cierta dignidad bíblica, por decirlo así, al texto de la Escritura". En el texto latino, por el contrario, sí suprimió esta división para hacer la impresión menos voluminosa.
  109. Carlos IV (1748–1819), rey de España entre 1788 y 1808, fue el monarca que encargó inicialmente la traducción bíblica a Torres Amat en 1808. En 1815, su hijo Fernando VII ratificó el encargo, permitiendo que Torres Amat continuara su obra. La mención del rey en este contexto subraya el apoyo de la Corona a las traducciones bíblicas en lengua vulgar, en línea con las directrices de Benedicto XIV y Pío VI, y sitúa la obra de Torres Amat dentro del proyecto ilustrado de acercar las Escrituras a los fieles bajo control eclesiástico
  110. Fernando VII (1784–1833), rey de España entre 1808 y 1833 (con un paréntesis durante la ocupación napoleónica). En 1815, tras su restauración en el trono, confirmó el encargo real a Torres Amat para que continuara y completara su traducción de la Biblia, que había sido iniciada en 1808 por su padre Carlos IV. El texto de la Advertencia refleja el contexto del reinado absolutista de Fernando VII (1823–1833), durante el cual se promovió la lectura de la Escritura bajo control eclesiástico como parte de las medidas de restauración del orden católico y de lucha contra las ideas liberales y protestantes. La mención del rey legitima la obra de Torres Amat como un proyecto de Estado.
  111. Tomás Moyano fue Secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia en 1815 , un cargo de máxima responsabilidad en la administración española durante el reinado de Fernando VII. Su nombramiento en propiedad fue confirmado por Real Decreto del 1 de febrero de 1815, tras haber desempeñado el cargo de forma interina . En el contexto de la obra de Torres Amat, fue el ministro que, mediante oficio del 10 de julio de 1815, comunicó al traductor la orden del rey para que continuara y perfeccionara su versión de la Biblia. Su figura representa el vínculo entre el proyecto cultural de la Corona y el traductor, como alto funcionario encargado de transmitir las órdenes reales a los eclesiásticos y eruditos.
  112. José Miguel de Carvajal-Vargas y Manrique de Lara (1771–1828), II duque de San Carlos, fue un noble y militar español, figura clave en la corte de Fernando VII, de quien fue amigo íntimo y consejero . Ocupó el cargo de Mayordomo Mayor del rey en tres ocasiones (1805-1807, 1808 y 1814-1815) . Durante el cautiverio de Fernando VII en Valençay (Francia) tras las abdicaciones de Bayona, permaneció a su lado y fue el encargado de negociar y firmar el Tratado de Valençay (1813) . Fue además Secretario de Estado (presidente del gobierno) en 1814, Teniente General de los Reales Ejércitos, director de la Real Academia Española (1814-1828) y caballero de la Orden del Toisón de Oro . Como Mayordomo Mayor, era el primer jefe de la Casa Real, encargado de la administración de palacio, del patrimonio real y de la capilla real, ejerciendo como principal conducto entre el rey y los distintos departamentos palaciegos . Su retrato fue pintado por Francisco de Goya en 1815 . Torres Amat lo menciona como la autoridad que, en 1815, le transmitió la orden de Fernando VII para proseguir con su traducción de la Biblia.
  113. "El Patriarca é Inquisidor general" se refiere a Ramón José de Arce y Uribarri (1755–1844), quien ocupó simultáneamente los cargos de Patriarca de las Indias Occidentales (1806–1815) e Inquisidor General de España (1798–1808) . En 1808, cuando Torres Amat recibió el encargo inicial de Carlos IV para traducir la Biblia, Arce era la máxima autoridad inquisitorial y eclesiástica de la Corona . Tras la abolición de la Inquisición por las Cortes de Cádiz (1813) y su restablecimiento por Fernando VII en 1814, el cargo de Inquisidor General fue ocupado por Francisco Javier Mier y Campillo (1814–1818) , quien, junto con el Patriarca (que para entonces era otro titular), supervisó la censura de la obra de Torres Amat antes de su publicación. La mención conjunta de ambos títulos (Patriarca e Inquisidor general) refleja la práctica habitual de acumular estas dignidades en una misma persona, como ocurrió con varios prelados españoles desde el siglo XVI .
  114. Se refiere a Félix Amat de Palou y Pont (1750–1824), arzobispo titular de Palmira y abad de la Real Colegiata de San Ildefonso (La Granja) . Fue confesor del rey Carlos IV y, por tanto, una de las máximas autoridades eclesiásticas consultadas por Torres Amat para su proyecto de traducción bíblica, como se menciona en el texto. La abadía de San Ildefonso era una jurisdicción exenta directamente sujeta a la Santa Sede, y su abad solía ser consagrado arzobispo titular . Félix Amat fue además una figura política relevante durante la Guerra de la Independencia, acusado de afrancesado por algunos sectores, aunque posteriormente purificado por Fernando VII.
  115. Francisco Armañá y Font (1718-1803) fue un fraile agustino, filósofo, teólogo y arzobispo español. Fue una de las figuras eclesiásticas más importantes de la Ilustración española. Ocupó los cargos de obispo de Lugo (1768-1785) y arzobispo de Tarragona (1785-1803), donde estableció la cátedra de Sagrada Escritura en la que Torres Amat fue profesor. Como prelado ilustrado, defendió la reforma educativa y el estudio directo de las fuentes bíblicas, en sintonía con las directrices de Benedicto XIV. Fue considerado un eclesiástico de tendencia jansenista.
  116. Se refiere al convento de San Pedro de Sampedor (o Sant Pere de Sampedor), un antiguo monasterio benedictino situado en la vertiente sur de la montaña de Montserrat, muy cerca del santuario de la Virgen. Este cenobio, hoy desaparecido, servía como lugar de retiro y hospedaje para los monjes del monasterio principal, quienes podían retirarse allí para la meditación y la vida solitaria, siguiendo la tradición eremítica de la orden . En el año 1822, cuando Torres Amat terminó su traducción de la Biblia, se refugió en este convento, que le ofrecía un ambiente propicio para el estudio y la oración, alejado de los conflictos políticos que asolaban la Barcelona de la época .
  117. Se refiere al proceso de censura eclesiástica al que fue sometida la traducción de Torres Amat antes de su publicación. Según el texto, en virtud de una Real orden de 1815, se nombraron censores para examinar el manuscrito. Torres Amat asistió a varias sesiones en la corte para ultimar la censura, y aceptó las correcciones que le propusieron. Este proceso era obligatorio para cualquier obra religiosa en la España de la época, especialmente para una traducción de la Biblia, que requería la aprobación del Ordinario eclesiástico y, en su caso, del Inquisidor general, para garantizar su ortodoxia y evitar que los fieles leyeran interpretaciones erróneas de las Escrituras. La mención de Torres Amat refleja su deseo de legitimar su obra dentro de los márgenes de la ortodoxia católica.
  118. Con esta expresión, Torres Amat se refiere a las obras de autores liberales, racionalistas y protestantes que circulaban en España a principios del siglo XIX, especialmente durante el Trienio Liberal (1820–1823), y que consideraba contrarias a la fe católica y al orden social establecido. Entre estos libros se incluían traducciones de la Biblia hechas por no católicos, obras de filósofos franceses de la Ilustración (como Voltaire o Rousseau), y escritos políticos que defendían el constitucionalismo, la soberanía nacional y la libertad de pensamiento. La mención de estos libros subraya el contexto de la Restauración absolutista de Fernando VII (1823–1833), en el que la Corona y la Iglesia promovieron la lectura de la Escritura bajo control eclesiástico como antídoto contra las "ideas subversivas", y legitima la obra de Torres Amat como una herramienta para combatir la influencia de esos escritos "perniciosos".
  119. Anathema es una voz griega (ἀνάθεμα) que, en el contexto eclesiástico, significa "excomunión" o "separación" de la comunión de la Iglesia. En la teología católica, la fórmula "sea anatema" es la forma más grave de condena doctrinal, equivalente a una sentencia de excomunión mayor. El Concilio de Trento la utilizó en sus decretos dogmáticos para establecer que quienes rechazaran la doctrina definida quedaban fuera de la Iglesia.


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